“EL STRINERISMO; por Emilie Armand”(ensayo)

“Max Stirner vio la luz en Bayreuth (Baviera) el 25 de octubre de 1806. No fue un escritor de una fecundidad extraordinaria, pues los cuidados de la existencia le acapararon demasiado tiempo. De sus escritos, sólo uno se ha mantenido a flote, un volumen en el cual se entregó por entero, en el que expresó todo su pensamiento y procuró indicar un camino de salida a los hombres de su tiempo: El único y su propiedad”.

Max Stirner - copia

Existe Stirner y su obra, existe El único y su propiedad y el “stirnerismo”. Ocurrió que al dirigirse a los hombres de su tiempo, Max Stirner se dirigió a los hombres de todos los tiempos, pero sin asumir el aire o gesto de profeta tronando teatralmente desde el fondo de su caverna que tan bien sabía arrogarse Nietzsche. Stirner no se presenta tampoco a nosotros como un profesor enseñando a sus alumnos: habla a todos los que quieren oírlo, tal como un conferenciante o como un conversador que ha reunido en torno suyo a un auditorio de todas las categorías, tanto de manuales como de intelectuales. Por esto, para comprender el alcance del stirnerismo, hay que suprimir de El único y su propiedad todo lo que es relativo a la época en que este libro fue escrito. Sin este trabajo preparatorio, corre el riesgo de asaltar al lector la tentación de que se halla en presencia de una confesión o de un testamento filosófico.

Hecha esta supresión, tiene uno ante sí un árbol robusto y bien plantado, una doctrina perfectamente coherente y ya no se sorprende uno de que hubiese dado origen a todo un movimiento. El stirnerismo considera que la unidad humana es la base y la explicación de la humanidad; sin lo humano no hay humanidad, la totalidad no se comprende más que por la unidad. Es lo mismo detenerse en seguida si uno no asimila estas premisas. Esta unidad sociológica no es un ser en transformación ni un superhombre, sino un hombre como tú y como yo que su determinismo impulsa a ser como debe, y como puede ser –nada más ni menos que lo que tiene fuerza o el poder de ser–. Pero el hombre que nosotros conocemos, ¿es lo que su determinismo quería? En otros términos: ¿es lo que debía y lo que podía ser? Ese hombre que tropezamos en los lugares de placer o de trabajo, ¿es un producto natural o una confección artificial, es voluntariamente el ejecutor del contrato social o no se aviene a él más que porque educación, prejuicios y convenciones de toda especie le atiborran el cráneo? Es este problema el que el stirnerismo va a tratar de resolver.

Primer tiempo. Para volver a poner al individuo en su determinismo natural, el stirnerismo empieza a conmover todos los pilares sobre los que el hombre de nuestro tiempo ha edificado su casucha de miembro de la Sociedad: Dios, Estado, Iglesia, religión, causa, moral, moralidad, libertad, justicia, bien público, abnegación, sacrificio, ley, derecho divino, derecho del pueblo, piedad, honor, patriotismo, justicia, jerarquía, verdad, en una palabra, los ideales de toda especie. Esos ideales, los del pasado como los del presente, son fantasmas emboscados en “todos los rincones” de su mentalidad, que se han apoderado de su cerebro, que se han instalado en él y que impiden al hombre seguir su determinismo egoísta.

Batiéndose en retirada unos tras otros los prejuicios-fantasmas y derrumbándose sucesivamente las columnas de su fe y de sus creencias, el individuo vuelve a hallarse solo. Al fin, es él, su Yo queda libre de toda la ganga que lo comprimía y que le impedía mostrarse tal cual es. Ha quedado hecha la tabla rasa, los nubarrones que oscurecían el horizonte han desaparecido, el sol brilla con todo su esplendor y el camino está libre. El individuo no conoce más que una causa: la suya, y esta causa no la basa sobre nada exterior, sobre ninguno de esos valores fantasmales de los cuales estaba antes atiborrado su cerebro. Es el egoísta en el sentido absoluto de la palabra: su potencia es en lo sucesivo su único recurso. Todas las reglas exteriores se han derrumbado; ha quedado libre de la opresión interior, mucho peor que el imperativo exterior; forzoso le es ahora buscar en sí sólo su regla y su ley. Es el único y se pertenece, en toda propiedad. No hay para él más que un derecho superior a todos los derechos: el derecho a su bienestar. “La aflicción debe desaparecer para dejar lugar a la satisfacción.”

Pensad adónde ha llegado el único. Ni una verdad existe fuera de él. No hace nada por el amor de Dios o de los hombres, sino por el amor de sí. No existe entre su prójimo y él más que una relación: la de la utilidad o la del beneficio. De él solo se derivan todo derecho y toda justicia. Lo que quiere es lo que es justo. Lejos, pues, de toda causa que no sea la suya. Es él mismo su causa y no es ni “bueno” ni “malo” (ésas son palabras). Declárase enemigo mortal del Estado y el adversario irrespetuoso de la propiedad legal.

Algunas citas sacadas de El único y su propiedad harán comprender que Stirner no ha perdonado nada y que ningún ídolo halló gracia ante sus ojos:

“Siempre se pone un nuevo amo en el lugar del antiguo, no se demuele sino para reconstruir y toda revolución es una restauración. Ésta es siempre la diferencia entre el joven y el viejo filisteo. La revolución comenzó como pequeña burguesa por la elevación del Tercer Estado, de la clase media, y sube como simiente sin haber salido de su trastienda.”

“Si os sucediera, aunque no fuese más que una vez, el ver claramente que el Dios, la ley, etc., no hacen sino importunaros, que os rebajan y os corrompen, es cierto que los arrojaríais lejos de vosotros, como los cristianos derribaron, en otro tiempo, las imágenes de Apolo y de Minerva y de la moral pagana.”

“En tanto quede en pie una sola institución que no esté permitido abolirla al individuo, el Yo está aún muy lejos de ser su propiedad y de ser autónomo.”

“La cultura me ha hecho PODEROSO, esto no admite tampoco duda alguna. Ella me ha dado un poder sobre todo lo que es fuerza, así también sobre los impulsos de mi naturaleza como sobre los asaltos y las violencias del mundo exterior. Sé que nada me obliga a dejarme constreñir por mis deseos, por mis apetitos y mis pasiones, y la cultura me ha dado con qué vencerles: soy su dueño.”

“Aquel que derriba una de sus BARRERAS puede haber mostrado con eso a los demás el camino y el procedimiento a seguir; pero el derribar sus BARRERAS sigue siendo la misión de los otros.”

“Nos contentamos durante mucho tiempo con la ilusión de poseer la verdad, sin que se le ocurriese al espíritu preguntarse seriamente si no sería necesario, antes de poseer la verdad, el ser uno mismo verdadero.”

“Aquel que para existir tiene que contar con la falta de voluntad de los demás, es buenamente un producto de aquellos otros, como el amo es un producto del servidor Si cesara la sumisión se habría acabado la dominación.”

“Para el hombre que piensa, la familia no es una potencia natural, y debe hacer abstracción de los padres, de los hermanos, de las hermanas, etc.”

¿A qué lugares empujará su determinismo al egoísta en el cual se hizo tabla rasa de los prejuicios-fantasmas? Y he aquí el segundo tiempo del stirnerismo.

Muy buenamente, hacia las riberas de la unión, de la asociación… Pero una unión contraída voluntariamente, una asociación de egoístas que no cultivarán el trato con los fantasmas del desinterés, del sacrificio, del desvelo, de la abnegación, etc. Una asociación de egoístas donde nuestra fuerza individual se acrecentará con todas las fuerzas individuales de nuestros coasociados, donde uno se consumirá y se servirá mutuamente alimentos. Una unión de la cual se servirá cada uno para sus propios fines, sin que os importune la obsesión “de los deberes sociales”. Una asociación que consideraréis como propiedad vuestra, como vuestra arma y como vuestra herramienta y que abandonaréis cuando ya no os sea útil.

Pero no os imaginéis que la asociación, si persiste el individuo en realizarse por medio de ella, no exige nada a cambio.

Evidentemente, la asociación stirneriana no se presenta como una potencia espiritual superior al espíritu del asociado –la asociación no existe sino por los asociados, pues es su creación–; pero he aquí: para que ella realice sus fines y para que cada cual se sustraiga “a la opresión inseparable de la vida en el Estado o en la sociedad” es preciso comprender bien que no faltarán en ella “las restricciones a la libertad y los obstáculos a la voluntad”. “Dando, dando.” Egoísta, amigo mío, tú consumirás a los demás egoístas, pero a condición de aceptar el servirles alimentos. En la asociación stirneriana se puede también sacrificarse a otros, pero no invocando el carácter sagrado de la Asociación; sencillamente porque puede seros agradable y natural el sacrificaros.

El stirnerismo reconoce que el Estado descansa sobre la esclavitud del trabajo; que el trabajo sea libre y el Estado queda destruido en seguida. Der Staat beruht auf der Sklaverei der Arbeit. Wird der Arbeit frei, so ist der Staat verloren: he ahí por qué el esfuerzo del trabajador debe tender a destruir el Estado o a pasarse sin él, lo que viene a ser lo mismo.

Tercer tiempo. Queda la forma en que el egoísta o la Asociación de los egoístas luchará contra los hábiles y los astutos que hacen uso de los fines de dominación y de explotación de los fantasmas que han tomado posesión de los cerebros de los hombres. El stirnerismo no pretende desempeñar el papel del Estado después de haberlo destruido o de haber proclamado su inutilidad y forzar a los que no lo quieren o no pueden a formar asociaciones de egoístas. El stirnerismo no preconiza la revolución. El stirnerismo no es sinónimo de mesianismo. Contra los que poseen y explotan hasta el punto de no dejar a los explotados ni pan que comer, ni lugar donde reposar su cabeza, ni de pagarles el salario íntegro de su esfuerzo, la insurrección es natural y conveniente la rebelión. Hay bienes improductivos al sol y cajas de caudales llenas hasta desbordarse. ¡Qué diablo! Y nada de sentimentalismo cuando se trata de afirmar su derecho individual o asociado al bienestar. El ego, guiado por la propia conciencia, no podría desembarazarse de escrúpulos que podían obsesionar a los hombres de cerebros habitados por fantasmas.

“La revolución ordena instituir e instaurar y la insurrección quiere que uno se subleve o que se eleve.”

“Yo doy vueltas a un peñasco que obstaculiza mi camino hasta que tenga bastante pólvora para hacerlo saltar; doy vueltas a las leyes de mi país en tanto no tenga la fuerza de destruirlas.”

“Un pueblo no podría ser libre sino a costa del individuo, pues su libertad no afecta más que a él y no es la emancipación del individuo; cuanto más libre es el pueblo, más sujeto está el individuo. Fue en la época de la mayor libertad cuando el pueblo griego estableció el ostracismo, expulsó a los ateos e hizo beber la cicuta al más probo de sus pensadores.”

“Dirigíos a vosotros mismos mejor que a vuestros dioses o a vuestros ídolos: descubrid en vosotros lo que está oculto, llevadlo a la luz y reveladlo.”

Tal es la esencia del mensaje que Max Stirner, entregándolo a los hombres de su tiempo, lo dirige a los hombres de todos los tiempos.

Hemos dicho que en Stirner había el hombre y la obra. Después de haber hablado de la doctrina, hablemos de su fundador. Stirner no es más que el nombre literario de Johann Caspar Schmidt y ese sobrenombre no es más que un apodo debido a la frente (Mina en alemán) desarrollada del autor, de El único y su propiedad y que él conservó para sus escritos. Uno de los episodios de la vida de Stirner que más retiene nuestra atención es su frecuentación, durante diez años, del club de los “Emancipados” (“Los Libres”), agrupación de intelectuales animados por las ideas liberales de los espíritus avanzados de antes de 1848. Se reunían en una cervecería y en la atmósfera llena de humo de las largas pipas de porcelana, discutían sobre toda clase de temas: teología (el libro de Strauss sobre Jesús acababa de aparecer entonces), literatura, política (la revolución del 48 estaba próxima). Fue en 1843 cuando Max Stirner, el hombre de aspecto impasible, de un carácter fuerte y concentrado en sí mismo, se casó en segundas nupcias con una mecklemburguesa, soñadora y sentimental, asidua también al club de los “Emancipados”, María Daehnhardt. Sin embargo, su unión no fue feliz. La incomprensión mutua de los dos esposos y las calumnias que insinuaban que Stirner buscaba una utilidad en este casamiento, por la dote de su mujer, ocasionaron la ruptura en 1845.

Stirner continuó produciendo. El único y su propiedad data de fines de 1844. Publicó sucesivamente de 1845 al 47 una traducción alemana de las obras maestras de J. B. Say y de Adam Smith con notas y observaciones en ocho volúmenes; en 1852, una historia de la reacción en dos volúmenes, toda de su pluma; en 1852 también, la traducción de un ensayo de J. B. Say sobre el capital y el interés, con observaciones… Después, ya no publicó nada. Sus últimos años fueron míseros. Reducido a ganar su pan como podía, aislado, encarcelado dos veces por deudas, sucumbió en 1856 a una infección carbonosa, en una casa de dormir. Nuevas indagaciones de mi amigo John- Henry Mackay, muerto en mayo de 1933, parecen atestiguar que el fin de su existencia no fue tan miserable ni estuvo tan desprovisto de amistad como se creyó en un principio.

Volvamos a la obra de Stirner. Uno de los pasajes más notables de El único y su propiedad es aquel donde define la burguesía con relación a los individuos sin posición social. Esta cita es la mejor respuesta que puede darse a los que ven en Stirner y sus continuadores a individualistas burgueses: “La burguesía se reconoce en que practica una moral estrechamente ligada a su esencia. Lo que exige ante todo es que se tenga una ocupación seria, una profesión honorable y una conducta moral. El caballero de industria, la ramera, el ladrón, el bandido y el asesino, el jugador y el bohemio son inmorales, y el buen burgués experimenta con respecto a esas ‘gentes sin costumbres’ la más viva repulsión. Lo que les falta a todos es esa especie de derecho de domicilio en la vida que proporcionan un comercio sólido, medios de existencia asegurados, rentas estables, etc.; como su vida no descansa sobre una base segura, pertenecen al clan de los ‘individuos’ peligrosos, al peligroso proletariado: son ‘particulares’ que no ofrecen ninguna garantía y que no tienen ‘nada que perder’ ni nada que arriesgar”.

“Toda vagancia desagrada al burgués, y existen vagabundos del espíritu que, ahogándose bajo el techo que abrigaba a sus padres, se van a buscar a lo lejos más aire y más espacio. En lugar de permanecer en el hogar familiar removiendo las cenizas de una opinión moderada, en lugar de tener por verdades indiscutibles lo que consoló y calmó a tantas generaciones anteriores a ellos, franquean la barrera que cierra el campo paterno y se van por los caminos audaces de la crítica, donde los lleva su indomable curiosidad de dudar. Esos extravagantes vagabundos entran también en la clase de las personas inquietas, inestables y sin reposo que son los proletarios, y cuando dejan sospechar su falta de domicilio moral se los llama ‘perturbadores’, ‘cabezas calientes’ y ‘exaltados’.”

“Podrían reunirse con el nombre de vagabundos conscientes a todos los que los burgueses tienen por sospechosos, hostiles o peligrosos.”

Stirner no ha descendido hacia el pueblo como los Bakunine, los Kropotkine y los Tolstoi, por ejemplo. No es un productor macizo, como Proudhon, de prejuicios de burgueses medios y generosos; no es un sabio como Reclus, doblado de un espíritu de bondad evangelista; ni un aristócrata como Nietzsche; es uno de nosotros. Es un hombre que jamás gozó de una posición segura y provechosa o desahogada. Conoció la necesidad de practicar los oficios más diversos para vivir. La gloria que circunda a los proscritos célebres, a los militantes revolucionarios o a los jefes de escuela, le fue desconocida. Tuvo que arreglárselas como podía y en lugar de las señales de consideración que la burguesía otorga, a pesar de todo, a ciertos ilustres revolucionarios, no recibió más que las repulsas con que ella agobia a los individuos sin situación y sin garantía.

Instruido por sus propias experiencias, Stirner trazó un retrato del burgués mucho más sorprendente que el que hizo más tarde Flaubert, que se situaba únicamente en el punto de vista estético. Para Stirner, la característica del mundo burgués es el poseer una ocupación seria, una profesión honorable, moralidad, en una palabra, lo que constituye un derecho de domicilio en la vida. El burgués puede ser obrero o rentista, llamarse republicano, radical, socialista, sindicalista, comunista, hasta anarquista; puede pertenecer a una Logia, a la Liga de los Derechos del Hombre, a un Comité electoral socialista y a una célula comunista; puede pagar también su cotización a un partido revolucionario. En tanto que su vida descanse sobre una base segura y en tanto que ofrezca garantías morales, burgués es y burgués sigue siendo.

En la misma Alemania, sólo al cabo de cincuenta años apareció una segunda edición de El único y su propiedad (1882). En 1893, la gran casa editorial Reklam, de Leipzig, editaba este libro en su Biblioteca Popular. Esto era hacerlo accesible a todos. En 1897, John-Henry Mackay, que tanto trabajó para hallar huellas de Stirner y disipar el misterio que envuelve su vida, publicaba la primera edición de Max Stirner, sein Leben und sein Werk. En Francia, El único y su propiedad aparecía en 1900 en dos traducciones, la de Robert L. Reclaire, en casa de Stock, y la de Henri Lasvigne en La Revue Blanche. (En 1894, Henri Albert había traducido una parte de la obra en el Mercure de France; un poco más tarde, Teodoro Randal había hecho lo mismo en las Charlas Políticas y Literarias y en el Magazine Internacional.) En 1902, era traducida al danés (con prefacio de Jorge Brandes) y al italiano (con prefacio de Ettore Zoccoli); en 1911 apareció una segunda edición italiana, que fue reimpresa en 1920. En 1907, precedida de un prefacio del autor de La filosofía del egoísmo, James Walker, aparecía una traducción inglesa por Steven T. Byintong, editada por Benjamin R. Tucker, con el título The Ego and his own. En 1912, El único y su propiedad había sido además traducido al ruso (se cuentan ocho ediciones de esta obra en esta lengua, la séptima traducida por Leo Kasarnowski y la última data de 1920), al español, al holandés y al sueco. En 1930, aparecieron dos traducciones japonesas, una de las cuales en edición económica, por J. Tsuji. Creo que existen traducciones de El único en otras lenguas. (He oído hablar de la traducción de El Único en diez y ocho lenguas, pero no pude comprobarlo.) Con el título de Kleinere Schriften (‘pequeños escritos’) John-Henry Mackay reunió los estudios, artículos, informaciones y respuestas de Stirner a sus críticos aparecidos de 1842 a 1848. Conozco una edición italiana de esta obra titulada Scritti minori. Traduje en L’en dehors la crítica muy interesante que Stirner hizo de Los misterios de París, de Eugenio Sue, y un extracto de El falso principio de nuestra educación.

Entrevista Completa al compañero John Curtis,(realizada durante octubre del 2006)

John CurtinJohn Curtin es una de las personas que estuvieron implicadas en campañas, manifestaciones y acciones directas contra la explotación animal en Inglaterra durante los años 80s y 90s, aquí presentamos una entrevista hecha por Rabia y Acción y traducida con la ayuda de Acción Vegana.”

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La destrucción del orden establecido por medio de sabotajes contra la explotación animal, el inmenso numero de animales rescatados directamente de los centros de tortura desde los 70`s han seguido su curso ¿Cómo ves tu hasta hoy, la eficacia que han tenido los grupos que deciden enfrentar de cara al especismo en el mundo?

Me siento muy orgulloso de formar parte del movimiento de Liberación Animal. El movimiento contemporáneo surgió en Gran Bretaña en los años setentas, y se ha expandido hasta convertirse en un fenómeno global.

Es una vergüenza que tardase tanto tiempo en aparecer, pero creo que existe una relación entre los niveles de explotación y la reacción frente a ella. De hecho, pienso que el motivo por el que el movimiento surgió se debe a que la explotación animal ha sobrepasado niveles sumamente deplorables. La mecanización e industrialización de la explotación animal ha caracterizado al siglo XX, la pesadilla se ha llevado a extremos insospechados, veo el movimiento como una respuesta al sangriento camino que esta sociedad ha decidido tomar.

El movimiento ha surgido por necesidad más que por una mejora generalizada en el comportamiento humano hacia nuestros hermanos y hermanas. En relación a lo que planteas sobre la eficacia de los grupos implicados… es una pregunta difícil, porque sólo puedo responder “sí, hemos sido efectivos”, si la cantidad de animales torturados y asesinados en el mundo estuviese disminuyendo. Desgraciadamente sucede lo contrario, cada día más animales son asesinados, cada día hay mayor deforestación. A veces me siento como si estuviésemos intentando detener la marea, hagamos lo que hagamos, el fluir de la explotación hacia nuestros semejantes sigue su cauce. PERO, a la vez siento que la respuesta a la pregunta es “SI, SI, SI, hemos sido eficaces”, porque hemos comenzado el trabajo. En el peor de los casos hemos logrado impactar a la sociedad, hemos forzado a la sociedad a que se mirarse frente a un espejo y viese el monstruo en el que se ha convertido.

En Gran Bretaña ahora hay millones de personas vegetarianas, prácticamente hemos terminado con la industria peletera, que en su día fue muy poderosa. Hemos concienciado a la gran mayoría de la gente para que no acudan al circo, hemos logrado que se prohibiese la caza del zorro (aun así, siguen cazando zorros, porque la policía no quiere hacer que se cumpla la prohibición). También hemos hecho que surgiese un debate en torno a la vivisección, en realidad, hemos planteado el tema de la explotación animal justo como a los explotadores no les interesa, de manera abierta.

Gracias a las acciones del FLA se han liberado infinidad de animales, para cada uno de esos animales hemos logrado la Liberación Animal, con el significado total de esas palabras. Hemos creado pérdidas económicas a los explotadores de millones de libras, probablemente de billones en estos momentos, gracias al sabotaje económico. Esto supone un contra-incentivo para futuros inversores en explotación animal. Si ven que no van a ganar dinero, no invertirán en la explotación.

Para concluir, yo diría que nunca va a haber una fiesta de celebración con champagne. Nuestra eficacia radica simplemente en hacer lo que esté en nuestras manos para que la compasión y el amor surjan en este cruel mundo moderno. No tengo ni idea de lo que el futuro deparará, pero lo que tengo claro es que han sido las acciones del FLA, las de gran intensidad, las que han actuado como catalizador del gigantesco aumento de la concienciación sobre el trato a los animales. Ahora hay una gran cantidad de caminos que el movimiento puede tomar. No tengo preferencia por ninguna táctica en particular, lo importante es que funcione.

No creo que nuestro pequeño movimiento pueda forzar un cambio en la sociedad, hacer que sea compasiva, creo que eso es fantasía. El trabajo realmente duro es convertir esta sociedad en otra en la que la compasión sea lo normal. Eso sólo puede lograrse a través de la educación, la paciencia y la persistencia… y yo en particular, ¡siento tantas veces que intentamos detener la marea!

Me siento muy feliz de que el movimiento por la liberación animal se haya asentado en las Américas. Fueron los conquistadores quienes trajeron las granjas de animales a vuestras costas, y ahora empieza a haber una respuesta. Ojala tengáis éxito, el último reducto de selva depende de ello, donde hay vacas no hay jungla.

Es estupendo que el movimiento sea verdaderamente global, porque hubo una época en la que se acusaba al movimiento de centrarse sólo en lo que sucedía en Europa. Esos días han terminado. ¿Qué queremos? La Liberación Animal. A los animales no les importan las nacionalidades ni las culturas, tampoco a nosotros.

¿Cómo es que empezaste ha utilizar la acción directa para liberar animales?

Bueno… cada uno tiene una historia diferente sobre cómo entraron a participar. Creo que es interesante y valioso reflexionar sobre esas historias, porque no son teorías. Realmente sucedieron, y tenemos mucho que aprender sobre ellas. Sobre algunas de ellas se podría pensar “sí, eso tiene sentido, intentemos recrear la situación que ayudó a que esa persona abriese los ojos”. Eso podría pasar cuando ha sido una película o un folleto informativo, en otros casos sería imposible recrear la situación, por la gran maraña de circunstancias responsables.

Creo que mi historia parte del hecho de que siempre he “amado” a los animales, con esto me refiero a cuando era un niño, entonces, como casi todos los niños, amaba a los animales. Pero conforme crecía, esos sentimientos murieron hasta el punto que mi única relación con los animales consistía en comérmelos durante el desayuno, la comida y la cena; también disfrutaba viéndolos en documentales de la televisión.

Cuando era un niño de unos ocho años, vi cómo un coche atropellaba a mi perro Patch, ¡un coche de policía! Además del trauma evidente que me causó su muerte, lo que hizo que llorase toda la noche fue pensar que no iba a poder ver a mi perro en el cielo.

Los curas me habían dicho que los animales no podían ir al cielo (mis padres son irlandeses, y me proporcionaron una educación católica). Mi tristeza terminó cuando una anciana de mi calle se me acercó y me susurró al oído “por supuesto que verás a Patch en el cielo, no hagas caso a los tontos de los curas.”

La siguiente parte importante de mi historia es cuando, a los 17 años, me enamoré de la primera novia con la que tuve una relación larga. Ella era vegetariana. La idea que yo tenía de una cita romántica era ir a una hamburguesería. Yo engullía animales muertos mientras ella tomaba sopa de tomate. Para mí el tema del vegetarianismo era algo extraño que no tenía nada que ver conmigo. Tres semanas después seguía introduciendo cuerpos sin vida en mi boca. Tres meses después mi estómago seguía siendo un cementerio. Tres años habían pasado y no se me había pasado por la cabeza plantearme el tema del vegetarianismo, pero entonces mi perro falleció, tras una muerte larga y lenta. Vivía solo, literalmente en el medio de ninguna parte, y la noche en que mi perro murió fue cuando todo sucedió. Fue entonces cuando me di cuenta de que ese pequeño perro al que amaba tanto era mi hermano, y en realidad, todos los animales eran mis hermanos y hermanas.

La idea de que los humanos son especiales y que están al margen de la naturaleza, con la que yo había permitido que me lavasen la cabeza, se desintegró. Me sentí sumamente estúpido por haberme dejado engañar durante tanto tiempo. Me hice una promesa, en ese lugar y en ese instante, nunca jamás volvería a comer animales. También decidí que debía hacer algo yo mismo para proteger a los animales, y 26 años después aquí estoy.

Así que, para mí, fue una combinación de recibir lentamente un mensaje sobre el mundo vegetariano a través de mi novia, y de tener una experiencia profundamente emotiva con el sufrimiento animal.

Aquí hay algo que creo que otros pueden aprender de mi historia… estoy tremendamente agradecido a mi novia Diane, por no haberme machacado por ser un comedor de animales. De vez en cuando ponía cara de desagrado y decía “urrgh”, pero si me hubiese atosigado o me hubiese dado un ultimátum para me hiciese vegetariano por ella. Hubiese sido una elección forzada, lo hubiese hecho para contentarla a ella, no me hubiese salido del corazón, y cuando terminó nuestra relación hubiese vuelto a comer animales. Desde mi punto de vista, lo hizo lo mejor posible, esparció unas pocas semillas con su propio ejemplo, y dejó que yo tomase la decisión cuando estuve preparado.

Con mucha frecuencia escucho a gente que se enfada con sus familiares, amigos o el resto de la sociedad por no hacerse vegetariana (cuando el nivel de sufrimiento es tan enorme, es completamente comprensible que nos sintamos frustrados con el avance tan lento. Pero el camino de señalar con el dedo y gritar es muy peligroso). Si chillar y gritar fuesen tan efectivos, creo que a estas alturas estaríamos viviendo en el paraíso.

¿Puedes contarnos sobre una de las acciones que hayas llevado a cabo en el pasado, que sea inolvidable para ti y que haya tenido buenas consecuencias para los animales y malas para los abusadores?

Hmmmmmm es una buena pregunta, es necesario que piense la respuesta… Aquí va una historia que responde a la pregunta, y tiene un final sorprendente. Está relacionada con una de las primeras campañas en las que me involucré, contra una granja de zorros cercana al pueblo en el que vivía. En aquella época estábamos centrándonos en ese agujero infernal. Solíamos organizar manifestaciones a las que acudían miles de personas furiosas, las cuales frecuentemente terminaban en disturbios. En ellos, se reventaban las ventanas de la casa del propietario y se rescataban zorros.

Durante años atacamos ese negocio de todas las formas que pudimos. Recuerdo un día en que pasábamos por el lugar y decidimos entrar, a hurtadillas conseguimos coger algunos zorros. Como no lo habíamos planeado con antelación los llevamos a casa de un amigo para que se ocupase de ellos. Mientras tanto los demás fueron a buscar un santuario donde pudiesen quedarse definitivamente. Esta es la parte que nunca olvidaré, madre mía, el ruido que hicieron los zorros fue increíble. Sonaban como bebés siendo torturados, no es que yo haya oído los sollozos de bebés humanos siendo torturados, pero eso es lo que recuerdo que pensé que parecía. Estábamos en medio de una calle residencial, ellos estaban todavía encerrados en pequeñas jaulas, así que decidí cubrirlas. Esperaba que la oscuridad les tranquilizara. Les canté nanas, intenté todo lo posible, pero sus chillidos persistían. Estaba seguro de que en cualquier momento la policía atravesaría la puerta, no en busca de los zorros, sino para salvar a los bebes que los vecinos estaban escuchando.

Poco después llegó una amiga, los llevamos al coche rápidamente, teníamos que sacarlos de aquella calle. Acabaron viviendo en un lugar seguro con gente que realmente se preocupó por ellos.

El motivo por el que me ha venido a la cabeza esta historia es porque tiene un final feliz para los animales y malo para los abusadores… en este caso los zorros liberados se salvaron, y la granja terminó cerrando para siempre. Hace unos pocos años las granjas peleteras han sido prohibidas en Gran Bretaña.

El giro sorprendente en la historia viene junto con el “mal” final para el abusador… su negocio fue totalmente destruido. Diez años después de que le cerrásemos la granja, mi amiga, una de las personas que había empleado gran parte de su tiempo haciendo de la vida del granjero un infierno, estaba comprando en una huerta de cultivo ecológico. Ella lo reconoció, estaba trabajando ahí, y él la vio a ella. Mi amiga se llevó una gran sorpresa cuando él le sonrío, se acercó y ¡le dio un abrazo! Le agradeció a ella, y a todos los demás que habían conspirado contra él, que hubiesen hecho tal cantidad de acciones directas contra él, porque eso le forzó a abandonar ese podrido y pestilente negocio. Le comentó a mi amiga que ahora se daba cuenta de que en realidad le hicimos un favor, y que gracias a las acciones habíamos cerrado su detestable granja y él ahora era feliz cultivando un huerto ecológico.

Indudablemente fuiste uno de los compañeros de lucha de Barry Horne hasta su muerte ¿Puedes decirnos como era su carácter en plena acción, en manifestaciones salvajes y en su vida cotidiana?

Hmmmm Barry Horne… menudo carácter tenía, y tuvimos nuestras buenas disputas, así como también fuimos buenos amigos. Hasta sus últimos momentos me estuvo gastando bromas, incluida la de pedirme que hablase en su funeral cuando muriese. Al hacer esto sabía que yo no iba a poder decir simplemente eso de “Barry era un hombre tan encantador, etc.” Porque ¡Barry podía llegar a ser un completo bastardo que te ponía las cosas muy difíciles! Barry simplemente no entendía el significado de la frase “llegar a un acuerdo”. En lo que respecta a la lucha por la liberación animal, negarse a negociar es una cualidad estupenda. Pero, mierda, ¡podía llegar a ser muy jodido trabajar con él o juntarse con él! Le llamábamos “Barry el bastardo”… aun así yo le amaba, y por mucho que discutiésemos enseguida lo olvidábamos, y compartíamos unas cervezas hasta la siguiente bronca. Barry vivía para eso, no prestaba la más mínima atención a las jilipolleces, no intentaba aparentar nada… lo suyo era la liberación animal. Si pensaba que estabas haciendo jilipolleces o aparentando empezaban las broncas, porque él nunca rectificaba.

Le conocí el día que acudió a su primera reunión de derechos de los animales, porque vivíamos en la misma ciudad. Tan pronto como abrió la boca quedó patente que no era de los que se sientan al fondo y acepta lo que sea que el grupo decídase. Este tío iba en serio, así es como él era, era serio a la hora de luchar por la liberación animal. También, y esto no lo he comentado todavía, tenía un lado sumamente sensible, y compartimos muy buenos momentos juntos.

Era un hombre de familia, tenía dos hijos, trabajaba muy duro como basurero. Siempre estuvo interesado en otras luchas de liberación, como el movimiento antirracista y la lucha por la unificación de Irlanda.

Uno de mis mejores recuerdos sobre él se refiere a una acción en la que tuvimos que trabajar muy duro durante toda la noche, cargando beagles y conejos. Era agotador, pero Barry el bastardo seguía como si nada. Si veía a alguien descansando iba directo y decía “¿Qué mierda estás haciendo? Muévete, podrás irte de vacaciones a Disneylandia a descansar cuando terminemos con esto, pero ahora tenemos que seguir trabajando, ¡muévete!”

Murió tras realizar varias huelgas de hambre. Aquellos de nosotros que le conocimos, sabíamos con certeza al empezar las huelgas de hambre que era perfectamente capaz de seguirlas hasta el final. Era un luchador, un guerrero por los animales, y realmente una persona que se preocupaba por los demás y con gran capacidad de amar. ¡Pero también podía ser un completo bastardo!

Durante tu largo camino de combate contra la súper explotación animal, has perdido a algunos de tus amigos como Mike Hill, Jill Phips, Barry Horne. ¿Qué es lo que te ha impulsado a salir adelante y no caer en el conformismo depresivo y el derrotismo?

He perdido buenos amigos –me rompió el corazón cuando sucedió, pero el derrotismo simplemente no es una opción. Cada día vivo dentro de este holocausto, cada día mis hermanos y hermanas son asesinados en este imparable convoy de la muerte en el que esta sociedad se basa. Ramona África, del grupo MOVE vino a quedarse en mi casa para dar varias charlas en Gran Bretaña. El sistema erradicó su círculo de familiares y amigos, la culminación fue cuando la policía lanzó varias bombas en su casa, en Filadelfia.

Se le hizo esa misma pregunta y dio la misma respuesta que hubiese dado yo: ¿Qué otras opciones hay? O sigues luchando o te rindes, y rendirse no es una opción. No es una cuestión de elegir. Cuando te das cuenta de lo que realmente el sistema es, eres consciente de que es un suicidio dejar que te controle la vida. Seguiré luchando por la liberación animal hasta que muera. Forma parte de mi vida. Por supuesto que la depresión y el derrotismo podría superarme, pero afortunadamente eso no va a suceder. Espero que si mis amigos me ayuden si me ocurriese eso.

Yo no vaticino ninguna celebración con champagne al final de esta lucha porque esta lucha nunca va a terminar. Hay demasiado sufrimiento y violencia hacia billones de hermanos y hermanas mías como para que piense en una victoria, de esta forma nunca me van a derrotar.

Pretendo seguir luchando y liberando a todos los supervivientes que pueda, salvarles de este camino sangriento, y voy a animar a otros para que lo hagan también. Yo siento que no va a ser la gente la que va a conseguir dar un giro a las cosas. Cada vez más, siento que los humanos modernos van a estar dispuestos a seguir este camino sangriento hasta su final natural, la total y absoluta catástrofe. Va a ser el mordisco de la naturaleza en nuestro culo lo que va a solucionar este desastre.

Podemos esforzarnos por hacer nuestra parte, pero no desestimemos la crueldad con la que los humanos se tratan entre ellos, a los animales y al planeta. Veo los movimientos de liberación, como el de la liberación animal, cada vez más como un síntoma de la “resaca” que muchos de nosotros padecemos debido a los enormes niveles de violencia que nos rodean. En lugar de verlos como un signo de que una nueva “época dorada” para la humanidad se avecina.

¿Cuál es tu opinión sobre emplear la violencia física directamente contra las personas responsables de la matanza y la tortura de animales (vivisectores, toreros, cazadores etc.)?

J.C: Hmmmmm ¡Vaya pregunta! No es una pregunta a la que se pueda dar una respuesta sencilla. Para empezar, detesto la violencia, ello me atrajo al movimiento por la liberación animal en primer lugar.

Me desagrada cualquier tipo de violencia. Pero no soy un pacifista, en absoluto.

Estoy de acuerdo en emplear la fuerza como autodefensa y para defender a otros, si esa fuerza es empleada contra un agresor, para lograr reducir su violencia.

Como he dicho, no puedo dar una respuesta directa, pero diré lo siguiente, y recuerda que simplemente es mi opinión… me alegro de que hasta el momento hayamos sido un movimiento que no ha empleado la violencia. Creo que la gente que se implica en este movimiento son personas con una gran empatía, compasivas. Para dejarlo más claro, considero que sería negativo que empleásemos la violencia, y me alegra que cuando se plantee esta pregunta sea de forma filosófica o hipotética. Porque la realidad es, o ha sido hasta el momento, que no empleamos la violencia.

He dicho previamente que considero fantasioso pensar que este relativamente pequeño movimiento, pueda forzar a la sociedad a que cambie. Hay billones de abusadores de animales, ¿cómo vamos a sugerir seriamente que el empleo del asesinato pueda conseguir la liberación animal? Sencillamente no tiene sentido para mí, y repito que, hasta el momento, esta cuestión ha sido algo hipotético, porque no ha sido el camino que hemos tomado, y ese es otro de los motivos por los que estoy tan orgulloso de pertenecer a este movimiento.

¿Cual fue tu sensación cuando oías tu sentencia por la liberación de Interfauna? ¿De cuanto tiempo fue? ¿Cómo se hizo tal acción?

J.C: Recuerdo muy bien la sensación que sentí cuando recibí la sentencia de 18 meses por una liberación en Interfauna. ¡Me sentí bien! Miré fijamente al juez pensando “no te atrevas a intentar darme lecciones” y dejé que sus palabras me entrasen por un oído y saliesen por otro. Pensé en lo irónico de la situación. Estaba tan feliz de pensar que, aunque me iban a encerrar en una jaula, 82 beagles y 26 conejos habían encontrado un hogar en el que los cuidarían.

La canción “Misty Morning” (N de T: mañana con niebla) de Bob Marley, dice “don´t jump into the water, if you can´t swim” (N de T: no te lances al agua si no sabes nadar). Y hay un dicho entre los presos: “don’t do the crime if you can’t do the time” (N de T.: no hagas el crimen si no puedes cumplir la pena). Yo estaba completamente preparado para estar un tiempo relativamente corto en la cárcel, no fue un problema, ya había estado antes y regresé a pasar otra temporada. Si la cárcel es tan horrible, me refiero sólo al sistema penitenciario británico, ¿por qué todos volvemos a entrar al poco tiempo de salir?, Si la cárcel no asusta a criminales codiciosos, ¿cómo puede el sistema esperar que nos asuste a nosotros?

Mientras estuve dentro, recibí un apoyo realmente impresionante, y tampoco lo pasé tan mal. Servicio de habitaciones, tres comidas veganas al día, ¡incluso te hacían la colada! Una situación completamente diferente a la que vivían los animales que sabía que iba a rescatar cuando saliese.

La acción de Interfauna es otra historia, como veo que esta entrevista se está extendiendo mucho, me limitaré a decir esto… la preparación y ejecución de la acción transcurrieron como un atraco a un banco, ¡solo que mucho más complicado! Tuvimos que planear la acción y hacer vigilancias durante semanas, para que quedase todo bien preparado. Esa noche tuvimos que trabajar realmente duro. Y después varias semanas de más trabajo, buscando hogares seguros para los animales liberados. Pero el sentimiento que se tiene cuando ya ha terminado todo y ha salido bien… te sientes alegre de haber nacido.

Estuviste implicado con la destrucción de la casa del cazador que asesino a tu amigo Mike Hill, cuéntanos que es lo que sentías cuando se llevaba a cabo dicha acción.

¡Haces buenas preguntas! Cuando destrocé la casa de la escoria que mató a Mike Hill estaba loco de rabia. De hecho, tan loco que el que estuviese la policía presente y hubiese cámaras de televisión no me preocupó en absoluto. Hasta el punto que ni siquiera me tapé la cara -¡DOH! Estábamos decididos y no íbamos a dejar que nada se interpusiese en nuestro camino.

Me arrestaron tres veces aquel día, en todas ellas mis compañeros acudieron a soltarme. Este cazador había matado a Mike, quien era un joven punk encantador, cariñoso y agradable, y el sistema permitió su asesinato sin ninguna consecuencia. Pero nosotros no se lo permitimos. Nuestra frase en ese momento era la de “there’s no justice, just us” (N de T. no hay justicia, sólo nosotros).

¿Alguna vez te planteaste que ibas a estar encerrado por defender y llevar acabo la liberación animal? ¿Te preparaste emocional y psicológicamente para esto?

Como he dicho antes, no saltes al agua si no sabes nadar. Como era consciente de que la liberación animal frecuentemente implica actos ilegales, para mí, era importante evaluarme a mí mismo, estar seguro de que se mi atrapaban e iba a la cárcel, estaría preparado para ello.

No hay nada peor que derrumbarse en la celda de una comisaría a causa de la presión policial. De ninguna manera. Cuando sabía que cabía la posibilidad de que mis acciones me llevasen a la cárcel, necesitaba sentirme relajado, sentir que tenía cierto control de la situación. En caso contrario la policía puede manipular tu mente.

Lo que yo hacía puede que fuese ilegal, pero yo sabía que era lo correcto. Así que intentaba controlarme a mí mismo para no alterarme demasiado, relajarme, comer bien, y comportarme como si fuese un día más. Porque liberar animales debería ser algo normal, una parte del día a día.

Si me disponía a entrar en un centro de explotación animal, por supuesto que tenía que estar preparado para las posibles consecuencias. Pero de una manera positiva, dándome cuenta de que iba a hacer algo bueno.

En algunas ocasiones, tras una liberación, aunque hubiese salido todo a la perfección, me sentía muy bajo de ánimos y deprimido. No tengo ni idea por qué, pero creo que se debe a los que tienes que dejar atrás.

Cuando preparaba una acción en un lugar horrible, en el que había miles de animales, siempre intentaba centrarme en una zona en la que fuese posible sacar a todos los animales. Por ejemplo, cuando hicimos la acción de Interfauna fuimos a la nave de los cachorros, porque sabíamos que la podíamos vaciar por completo.

A veces, en una granja de factoría, se puede entrar y sacar animales sin que el granjero siquiera se dé cuenta. En esta situación es necesario sacar animales “aleatoriamente”. Cada animal se debe sacar de una jaula o recinto de maneras diferentes. Nunca me ha gustado jugar a ser dios y decidir qué animal va a ser liberado, ¿pero qué otra opción hay?

Sabemos que estuviste implicado también en la profanación de la tumba de un cazador muy famoso perteneciente a la corona real de Inglaterra ¿Sigues pensando que esas acciones son contundentes para cerrar para siempre los centros de inquisición animal?

Hmmmm, otra pregunta matadora, y de nuevo, una a la que no se le puede dar una respuesta simple. Participé en la profanación de la tumba del Duque de Beaufort. Lo hicimos la noche de Navidad de 1984. Fue una locura, pero en aquella época estaba mucho más loco que ahora. ¡El Duque de Beaufort era como el Michael Jackson del mundo de la caza! Había muerto hacía 9 meses. El motivo por el que profanamos su tumba era para impactar a la sociedad, así de claro, y en ese sentido logramos nuestro objetivo al 100%. De hecho creó un impacto en todo el mundo.

En una sociedad sin valores quedan pocas cosas que se consideren tabú aparte de desenterrar muertos y el canibalismo. El día después de navidad es Boxing Day, el día en el que los cazadores se reúnen, y nosotros quisimos arruinarles el día y sustituir su diversión por un golpe macabro.

Queríamos que se generase un debate en torno a la caza, que la gente hablase de ella, sabíamos que el público no iba a apoyar la acción en sí misma, pero eso nos daba igual. Sólo queríamos que se debatiese la caza.

Desde entonces ha habido muchos cambios, hasta el punto que la caza del zorro (que es el equivalente inglés a las corridas de toros) ha sido prohibida. Ni la policía, ni las autoridades mueven un dedo para que se cumpla la ley, los cazadores siguen cazando, y los únicos que intentan evitarlo son los saboteadores de la caza.

Para mí, este tema es muy delicado, de ninguna manera quiero animar a otras personas a hacer una locura como profanar tumbas. Yo lo hice, sabía lo que tenía entre manos, y no me arrepiento, porque forma parte de mi pasado. Sí, si lo único que te propones es crear un impacto, entonces profanar una tumba funcionará, pero la situación en Gran Bretaña ha cambiado.

Llevamos ya 30 años haciendo acciones fuertes (llega un punto en el que dejan de resultar impactantes) y llegan un punto en el que te das cuenta que generar impacto es relativamente fácil pero que el trabajo verdaderamente duro consiste en cambiar el corazón y la mente de la gente, y eso requiere métodos más sutiles.

Me alegra que la profanación de la tumba de Beaufort no generase una cadena de acciones similares. Pero sí hubo una profanación muy impactante aquí en Inglaterra, hace pocos años, relacionada con la campaña para cerrar la granja de cría de cobayas de Newchurch. La suegra del propietario fue desenterrada, y a mí no me gustó, incluso llegué a condenarlo, lo cual sorprendió a muchos activistas.

Para empezar, no me gustó que fuese la suegra del dueño, lo cual suponía que toda una familia que no tenía ninguna relación con el criadero se vio afectada. Nunca antes había condenado una acción, así que, como he indicado, este tema es algo delicado para mí. Por supuesto, a mí me arrestaron y exhibieron ante la prensa, en relación con la profanación de Newchurch. A pesar de que yo no tenía nada que ver con lo sucedido. La policía era consciente de que estaba furioso por lo que me estaban haciendo, así que lo aprovecharon para manipular mentes. Sus juegos fueron evolucionando, y acabaron cantando canciones de Bob Marley conmigo y ofreciéndome 10.000 libras si les ayudaba, es cierto.

Para resumir, apoyo que la gente haga acciones directas, ya sean fuertes o del tipo que sean. Pero actualmente tengo ciertos límites sobre lo que yo haría o no haría, y creo que los días de profanar tumbas han terminado para mí.

¿Te arrepientes de alguna cosa que hayas hecho en el pasado en tu lucha contra el especismo?

Bueno, acabo de hablar sobre la profanación de tumbas, de lo cual, permíteme que lo aclare, no me arrepiento, porque es parte de mí y de quién soy hoy. Y no me arrepiento de cómo soy. El pasado es el pasado, déjalo estar. Es posible que haya una o dos cosas que he hecho y que probablemente no repetiría, pero así es la vida ¿o no? Y ahora mismo, no me apetece tener que ir a sesiones de psicoanálisis para hablar de esas cosas. Especialmente sabiendo que sólo puedo hablar de las cosas por las que he sido sentenciado. La vida es un proceso de aprendizaje, y el movimiento por la Liberación Animal siempre está en movimiento, y las tácticas cambian.

De lo que más me arrepiento es que me atrapase la policía con tanta frecuencia, pero incluso de eso se puede aprender. También me gustaría haber podido intervenir más en las luchas internas, los conflictos entre distintas “facciones” del movimiento. Es posible que ese sea nuestro mayor enemigo. Si alguien hace algo por los animales alégrate. A veces pienso que somos demasiado dogmáticos entre nosotros, “mis tácticas son mejores que las tuyas”, etc. Porqué no nos limitamos a callarnos la boca y continuar haciendo lo que creemos que es lo mejor, haz lo que TÚ amas hacer, y deja que otros hagan sus asuntos. Como todo este debate sobre bienestarismo animal versus liberación animal. Simplemente no lo capto. Siempre que una persona con buenas intenciones realice acciones para ayudar a los animales yo me alegraré. No hay una única solución para este desastre, y creo que es arrogante pensar lo contrario. Si crees que tienes las respuestas, entonces limítate a demostrarlo mediante el éxito de tus acciones, y los demás te seguirán con naturalidad.

Una cosa más, no empleo el término “especista”, lo encuentro demasiado académico, y ni siquiera soy capaz de pronunciarlo correctamente. Cuando la gente me pregunta prefiero usar conceptos como el amor y la compasión.

¿Como ves los grupos en México que actúan bajo el nombre del FLA (y otros) que han comenzado a darle guerra al sistema antropocéntrico? ¿Tienes algunas palabras, concejos, críticas o tácticas para ellos?

Hmmmm otro tema delicado… En Inglaterra tengo que tener muchísimo cuidado con lo que digo en relación con las acciones del FLA, porque la policía está siempre pendiente de cada cosa que digo, tienen la esperanza de que cometa algún fallo y diga algo “ilegal”, como incitar a otros a cometer acciones ilegales.

Incluso en esta entrevista, que es para una revista mexicana, toda el “matrix” es ahora un monstruo muy global. Y ahora que me he enterado de que están quedando celdas libres en Guantánamo, no quiero que me manden allí. Me hacen muchas entrevistas, y me limito a dar mis opiniones personales, así que, para responder a la acciones de México pasen desapercibidas, aunque sólo sea por todas las que hay en la página web de Bite Back.

Me alegra que se estén haciendo tantas acciones, como dije antes, me alegran todas las acciones a favor de los animales. Me da igual si algo es legal o ilegal, las leyes las hacen políticos, policías y jueces retorcidos. ¿Desde cuando dirijo mi vida en base a la moral de los mafiosos? No creo que el movimiento por la liberación animal hubiese despegado como lo ha hecho sin las acciones del FLA, fueron esas acciones las que crearon un impacto en la sociedad, hicieron que la gente abriese los ojos y escuchasen lo que intentábamos transmitir. Así que, cuando veo la cantidad de acciones que se realizan en México, me alegro, me siento totalmente alegre.

Encuentro los comunicados muy idealistas, y dramáticos, con lo que no tengo ningún problema. Cuando leo cosas como “no nos detendremos hasta que todas las jaulas queden vacías”, pienso, “¡o hasta que la policía logre atraparos a todos!” Si hablo de la historia del FLA en Inglaterra, diría que el FLA nunca ha existido en realidad. Nunca ha sido una organización, un grupo, o una estructura. Es algo que sale del corazón, por ello las autoridades tienen tantos problemas para reprimirlo.

Mis palabras van dirigidas a aquellos que se plantean realizar acciones del FLA: ¡que lo que yo diga no os detenga! Tened cuidado, no seáis predecibles, y espero que no os atrapen.

¿Cuales son las cosas en cuanto a activismo llevas acabo ahora?

Me he retirado, ¡jaaa! Principalmente hago campañas. Durante los últimos años me he centrado en intentar terminar con la industria de las carreras de galgos. Doy charlas en escuelas, y en todo lugar que pueda. Estoy trabajando para reorganizar la red de grupos locales de derechos de los animales, los cuales, durante los últimos años se han ido deteriorando, como consecuencia de que el énfasis se ha centrado en campañas nacionales.

Desde mi punto de vista, la fuerza del movimiento británico reside más en los grupos locales trabajando en conexión que en campañas centralizadas. Creo que hasta este punto he hecho bien en no mencionar algo que se ha convertido en algo muy importante para mí –¡la meditación y la inspiración que me aportan las enseñanzas de Buda! Puedo imaginarme a algunos de los lectores diciendo tras leer esto “¡Oh no! Jilipolleces de hippie” Bueno, hasta donde yo sé, el nacimiento de nuestro movimiento no ocurrió en Inglaterra, con la aparición del FLA en los 70, sino en la India de los tiempos de Buda y en el surgimiento del jainismo.

Si desprecias la religión estupendo, yo también, excepto, como dicen en el jainismo: “la compasión es la religión superior”, o como el dicho budista “aquel que siente compasión hacia todos los seres vivos, es un ser `divino’”. Pero la idea principal que quiero transmitir es que, como persona activa, te sugiero que al menos eches un vistazo a lo que sucedió como consecuencia de la vida de Buda. Verás que se pueden aprender cosas, en términos pragmáticos, de sus enseñanzas. Convirtió a toda Asia al vegetarianismo durante mil años, y la influencia sigue vigente hoy en día. Por ejemplo, a quienes comen carne, en la India les califican como no-vegetarianos.

Una de las maneras en las que la meditación me ha influido es que me ha ayudado a erradicar el odio en mi vida. No veo la lucha por la liberación animal en los términos tan simplistas de “los buenos versus los malos”, oh! no. Todo es mucho más complejo y enmarañado. Esto no es George Bush versus Bin Laden, y me entristecería ver que el movimiento tomase ese dogmático camino, que la energía que nos mantuviese adelante fuese el odio. Nuestra lucha se basa en el amor y en la compasión. No necesito odiar, muchas gracias. ¡Viva el FLA! ¡Viva Mexico!

Gracias por al entrevista.

Al encuentro de una compañera clandestina… Palabras para Felicity Ryder, anarquista prófuga del poder, y reflexiones sobre la clandestinidad.

Publicacion Refractario

POST Bandada(Enviado por Sin Banderas Ni Fronteras)

Hace ya casi dos años, difundimos un escrito en solidaridad con el compañero antiautoritario Diego Ríos, clandestino desde el año 2009 (por la orden de arresto emanada en su contra debido a que su madre denunció que en una casa de su propiedad había almacenado material para fabricar explosivos). En ese entonces compartimos algunas reflexiones sobre las particularidades de la clandestinidad en compas antiautoritarios y anarquistas. Un esfuerzo similar lo hicieron con anterioridad l@s compas que hace unos 3 años escribieron y editaron el libro “Al Acecho” (a raíz del mismo caso de Diego Ríos), que para nosotr@s es el primer texto creado en Chile abordando la temática de la clandestinidad desde una perspectiva antiautoritaria y a partir de un caso concreto. Otros textos, como el libro “Incógnito” y los comunicados de la compañera Gabriela Curilem también abordan experiencias…

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Sale El Amanecer, periódico mensual anarquista, nº 18, Marzo 2013, desde Chillán

Periódico anárquico El Amanecer

Periodico anarquista El Amanecer, Marzo 2013 PortadaCompañeros, compañeras y camaradas,
Con el entrante y no esperado mes de marzo sale el nuevo número tanto impreso como online de El Amanecer, periódico mensual anarquista, que en esta ocasión queremos dedicarlo a un compañero de nuestro grupo editor que se encuentra pasando por momentos complicados en relación a problemas familiares. Anexo a esto, volvemos a extender la invitación a hacer lectura reflexiva y crítica de este nuevo cariñoso trabajo, así como también previamente agradecemos su difusión. Saludamos a los compañeros del periódico anarquista El Sol Ácrata que con marzo cumplen su primer año de vida. Abrazos a todxs los presxs sociales y políticos del mundo.

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“Critica el Movimiento de Liberación Animal”

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Hace algunos años decidí luchar por la liberación animal, no con panfletos, ni carteles, ni  dentro de una asociación, grupo, colectivo, o algo parecido. Decidí enfrentar solx  este tema que tanto me preocupaba y me preocupa. Era un día domingo, en el mall Parque Arauco, no recuerdo en que piso, ni el nombre de la tienda de mascotas que ahí se encuentra, entré a ese lugar para ver unos pobres pescaditos que se encontraban en unas peceras,  mi indignación creció cuando escuché que alguien compraría un perro que costaba $450.000 …y estaba con descuento, me acerqué solo a escuchar la conversación, el perro de no sé qué raza, tenía incorporado un chip y además de eso tenía garantía ¿Cómo puede un ser vivo tener garantía y un chip rastreador? La estupidez humana me sorprende todos los días! Sentía esa cosa extraña entre ira, rabia, pena, impotencia, frustración y desprecio, algo tenía que hacer. La transacción se completó, la familia feliz con perro nuevo, caminó hacia el estacionamiento, yo tomé mi bici  y los seguí hasta el primer semáforo, no sabía qué hacer, solo me dejé llevar por la rabia de ese momento, tomé una llave y comencé a rayar el auto, el chofer se bajó y comenzó a gritarme cosas, no le respondí nada, me bajé de la bici, abrí la puerta trasera del auto, le quité a un niño la caja que contenía al perrito, la dejé en el canasto de la bici, mientras esquivaba al cuico que había comprado al perro, cogí un par de piedras, una dirigida al chofer/ padre de familia/ cuico comprador de perros/ maldito engendro insensible, etc. Y la otra dirigida al parabrisas del auto, monté la bici y comencé a andar lo más rápido que pude, no lograron alcanzarme, pero ahora tenía un problema mayor… el perro tenía un chip rastreador y yo no sabía en qué parte de él se encontraba, ni cómo sacárselo. Volví a tomar la bicicleta y me fui hasta Til Til, tenía una amiga que había estudiado veterinaria, pensé que quizás ella me  podía decir cómo quitarle ese artefacto imbécil, pero me dijo que estaba incorporado bajo su piel y que ella no tenía los utensilios para extraérselo. Decidí dejar al cachorro con ella y volví a Santiago.  Nunca fueron a buscar al cachorro y el perrito vive feliz en una parcela hasta el día de hoy, 6 años después.

Esta no fue para nada una acción inteligente, pero me ayudó a reflexionar y sentirme más segurx de mí mismx, de lo que unx como individuo es capaz de hacer. SEGURIDAD, fue lo primero que logré conseguir, yo solx soy  capaz de hacerlo todo.

Ahora con esta seguridad, ya nada me detendría. Comencé a “robar”, “recuperar”, “salvar”, o como quieran llamarlo, animales de las tiendas de mascotas, hámster,  conejos, gallinas, gatos, perros, cobayas, aves, peces, lo que pudiera. Después de cada una de esas acciones, los liberaba en un ambiente “natural”, o un poco menos intervenido por el hombre. Estas acciones, las solía justificar muy bien, con los típicos argumentos de moda, ellos sufren, ellos sienten, ellos no quieren estar encerrados, etc… 

Hoy esa acción ya no la justifico. Liberar (por ejemplo) un conejo en un cerro donde hay otros conejos es lo peor que le puedes hacer a ese conejo y a los otros que habitan salvajemente ese lugar, porque este conejo que ha estado toda su vida encerrado, no sabe relacionarse con los demás, no sabe qué hacer en ese lugar, no sabe conseguir su alimento, ni hacer una madriguera, ni nada por el estilo, entonces procederá a robarle el alimento a los conejos silvestres y a acomodarse en madrigueras ajenas.  Entonces??? ¿A qué podemos optar?

Fue cuando pensé que la mejor opción sería darlos en adopción y comencé a hacerlo, hasta que me encontré rodeada de animales que nadie podía tener en su casa, necesitaba ayuda y la encontré de inmediato, comencé a llenar las casas de mis “amigos” de animales que no podía dar en adopción, ya había “regalado” tantos animales que nadie de los que conocía podía tener más dentro de una casa o departamento. Decidí frenar mi obsesión por liberar animales de las tiendas, por lo menos hasta poder encontrarles un hogar a los que ya había recuperado.

Mientras decidía qué hacer con ellos, me di cuenta de que lo que estaba haciendo, era casi lo mismo que hacían las tiendas de mascotas, entregar a un ser vivo a vivir, quizás en donde no quiere, donde él no pudo escoger, a vivir con quienes quizás no le agradan. Comencé a vagar en mi cabeza, ¿qué iba a hacer ahora? Había que atacar a la raíz del problema, a la fábrica productora de carne, lácteos, huevos, cueros, rodeos, establos, granjas y criaderos.

No sabía por dónde empezar, habían pasado 2 años desde aquella vez en el mall Parque Arauco, quería hacer algo grande, pero necesitaba práctica primero…

Había una tienda de mascotas, que yo tanto detestaba, no era muy grande, pero las condiciones en que tenían a los animales eran las peores que yo había visto (en directo) hasta ese entonces.

No recuerdo que día de la semana era, pero el sentimiento, el entusiasmo y la determinación eran las mismas que la primera vez que decidí actuar. Había preparado eso un mes entero y no puedo decir que no sentí miedo, porque si lo tuve y dudé un par de veces, pero no me importó, suprimí el miedo y los nervios y me lancé al abismo. 

Capucha, mochila, guantes, zapatillas, panfletos, martillo, spray… un quiebre poco piola de una ventana, instalo todo correctamente, nunca había sudado tanto, escribo en la pared “LIBERACIÓN ANIMAL”,” LOS ANIMALES NO NACIERON PARA NUESTRA DIVERSIÓN “, “F.L.A.” Salgo por la ventana, lanzo los panfletos y corro lejos del lugar, un fuerte estallido se escucha a lo lejos y unas lágrimas de alegría y tristeza  comenzaron a caer, me sentía extrañx, como si no lo hubiese hecho bien, pensaba en qué era bueno y qué era malo, destruir una tienda de mascotas no era un daño significativo?, asesinar 20 animales para salvar a otros cientos? no lo sé, eso queda abierto para ser debatido. Lo único cierto, es que mis manos estaban manchadas de sangre esta vez y el peso de la culpa no me dejaba dormir, pensar en que había salvado a otros animales que estarían encerrados allí dentro después de vender a los que yo había asesinado, era tal vez, solo una mala justificación de un acto del que no me sentía orgullosx.

Silencio…

Me había  acobardado?, me había vuelto igual a aquellxs que tanto despreciaba?, no! Jamás!, me sentía tan perdidx.

Decidí frenar mis acciones, porque no me encontraba bien y no podía hacer algo si mi cabeza estaba en otro lado. Sé que muchxs juzgaron y juzgarán estas acciones, pero es lo que escogí.

No quiero justificar mis actos frente a alguien, por qué tendría que hacerlo?, si yo quiero hacerlo, voy y lo hago, le parezca bien a alguien o no. Si quemo, destruyo, exploto, critico a alguien o algo, es mi decisión, mi opinión, no  tengo deber de respaldarlo, ni justificarlo si no quiero hacerlo.

Mi única justificación fue, es y será: “Teñía ganas de hacerlo y lo hice”. Siempre aceptando las consecuencias que esto me pueda traer, ya sean, el odio y desprecio de personas y/o asociaciones, las noches detenidx, las constantes multas, los cambios constantes de aspecto, de casa y maneras de accionar, entre otras muchas cosas más que no son agradables, pero es la vida que unx escogió y con el tiempo te das cuenta que la sensación placentera después de cada acto lo vale, mil veces.

Me he arrojado a los brazos de la acción, la práctica constante me hace crecer, cada vez me siento más segurx de mí, con más confianza, valor, determinación, pero en cada acto siento los mismos nervios de la primera vez.

Aún burlo sus leyes, a su autoridad, a sus cámaras que no ven mi rostro sonriente y mis grandes ojos vigilando todo. A ellxs les gustaría saber quién soy, por qué actúo solx, y cómo solo una persona puede hacer estas cosas. Cuando el individuo pierde el miedo, ya no hay quien lo detenga y aún peor para el estado/capital…cuando el individuo sin miedo se encuentra con otro individuo sin miedo, se vuelven dos, suena tonto decir que 1+1 son 2, pero piensen en el poder de ese 1+1 y la  cadena que se puede ir formando después de eso.

Los actos que siguen después de esto, ustedes podrán imaginarlos, no los escribiré porque sienta miedo, ni algo parecido, sino porque solo quería compartir el proceso por el que pasé, que fue difícil para mí, donde dudé muchas veces y sentí miedo y angustia.

Este texto no tiene como propósito llegar a lxs que optan por la liberación animal, sino que a lxs anti carcelarixs animales, yo no quiero liberar animales que “ya están muertos”, yo quiero que los animales libres sigan siéndolo, aquellos que ya fueron encerrados, torturados, ya sea porque nacieron ahí o no, son animales que ya no podrán adaptarse a su hábitat original y si lxs liberamos ahí ,solo cometeremos un acto peor y más cruel que lxs mismxs carcelerxs, estaremos dañando directamente a ese ecosistema y toda su flora y fauna nativa. Si es necesario asesinar miles de animales para salvar a las generaciones próximas lo voy a hacer, aunque tenga que lidiar con sus mugidos, ladridos, cacareos y gritos de desesperación por las noches.

Para algunos un acto egoísta sin justificación alguna, para otrxs la única solución posible.

Atacar directamente a los carceleros, asesinar al que se  interponga. No creo en pacifistas con carteles en plaza de armas, pidiendo por favor que todxs seamos vegan. Solo creo en la destrucción total y en la extinción del ser humano…

Nada de Nadie

Al asecho en cada instante; Atacaremos riendo.

“LXS DESTRUCTORES DE MAQUINAS”

luditas

EN HOMENAJE A LXS LUDITAS (extraído del texto “Cabezas de Tormenta”; Crhistian Ferrer.)

EL CÓDIGO SANGRIENTO

Desde muy antiguo la horca ha sido un castigo ignominioso. Si se medita sobre su familiaridad estructural con la picota comprendemos por qué está ubicada en el escalón más alto reservado a la denigración de una persona. A ella sólo accedían los bajos estratos delincuentes o refractarios: a quien no plegaba las rodillas se le doblaba la cerviz por la fuerza. Algunos ajusticiados famosos de la época moderna fueron mártires: a Parsons, Spies y a sus compañeros de patíbulo los recordamos tenuemente cada 1º de Mayo. Pero pocos recuerdan el nombre de James Towle, quien en 1816 fue el último “destructor de máquinas” a quien se le quebró la nuca. Cayó por el pozo de la horca gritando un himno ludita hasta que sus cuerdas vocales se cerraron en un solo nudo. Un cortejo fúnebre de tres mil personas entonó el final del himno en su lugar, a capella. Tres años antes, en catorce cadalsos alineados se habían balanceado otros tantos acusados de practicar el “ludismo”, apodo de un nuevo crimen recientemente legislado. Por aquel tiempo existían decenas de delitos tipificados cuyos autores entraban al reino de los cielos pasando por el ojo de una soga. Por asesinato, por adulterio, por robo, por blasfemia, por disidencia política, muchos eran los actos por lo cuales podía perderse el hilo de la vida. En 1830 a un niño de sólo nueve años se lo ahorcó por haber robado unas tizas de colores, y así hasta 1870 cuando un decreto humanitario acomodó todos ellos en cuatro categorías. A las duras leyes que a todos con  templaban se las conoció como The Bloody Code. Pero el ludismo se constituyó en un insólito delito capital: desde 1812, maltratar una máquina en Inglaterra costaría el pellejo. En verdad pocos recuerdan a los luditas, a los “ludds”, título con el que se reconocían entre ellos. De vez en cuando, estampas de aquella sublevación popular que se hiciera famosa a causa de la destrucción de máquinas han sido retomadas por tecnócratas neoliberales o por historiadores progresistas y exhibidas como muestra ejemplar del absurdo político: “reivindicaciones reaccionarias”, “etapa artesanal de la conciencia laboralista”, “revuelta obrera textil empañada por tintes campesinos”. En fin, nada que se acerque a la verdad. Unos y otros se han repartido en partes alícuotas la condena del movimiento ludita, rechazo que en el primer caso es interesada y en el segundo fruto de la ignorancia y el prejuicio. La imagen de los luditas transmitida por diestra y siniestra es la de una tumultuosa horda simiesca de pseudocampesinos iracundos que golpean y aplastan las flores de hierro donde libaban las abejas del progreso. En suma: el cartel rutero que señala el linde de la última rebelión medieval. Allá, una paleontología; aquí un bestiario.

NED LUDD, FANTASMA

Todo comenzó un 12 de abril de 1811. Durante la noche, trescientos cincuenta hombres, mujeres y niños arremetieron contra una fábrica de hilados de Nottinghamshire, destruyendo los grandes telares a golpes de maza y prendiendo fuego a las instalaciones. Lo que allí ocurrió pronto sería folklore popular. La fábrica pertenecía a William Cartwright, fabricante de hilados de mala calidad pero pertrechado de nueva maquinaria. La fábrica, en sí misma, era por aquellos años un hongo nuevo en el paisaje: lo habitual era el trabajo cumplido en pequeños talleres. Otros setenta telares fueron destrozados esa misma noche en otros pueblos de las cercanías. El incendio y el haz de mazas se desplazaron luego hacia los condados vecinos de Derby, Lancashire y York, corazón de la Inglaterra de principios del siglo XIX y centro de gravedad de la Revolución Industrial. El reguero que había partido del pueblo de Arnold se expandió sin control por el centro de Inglaterra durante dos años, perseguido por un ejército de diez mil soldados al mando del general Thomas Maitland. ¿Diez mil soldados? Wellington mandaba sobre bastantes menos cuando inició sus movimientos contra Napoleón desde Portugal. ¿Más que contra Francia? Tiene sentido: Francia estaba en el aire de las inmediaciones y de las intimidaciones; pero no era la Francia napoleónica el fantasma que recorría la corte inglesa, sino la asamblearia. Sólo un cuarto de siglo había corrido desde el Año I de la Revolución. Diez mil soldados. El número es índice de lo muy difícil que fue acabar con los luditas. Quizá porque los miembros del movimiento se confundían con la comunidad. En un doble sentido: contaban con el apoyo de la población, eran la población. Maitland y sus soldados buscaron desesperadamente a Ned Ludd, su líder. Pero no lo encontraron. Jamás podrían haberlo encontrado, porque Ned Ludd nunca existió: fue un nombre propio pergeñado por los pobladores para despistar a Maitland. Otros líderes que firmaron cartas burlonas, amenazantes o peticiones se apellidaban “Mr. Pistol”,“Lady Ludd”, “Peter Plush” (felpa), “General Justice”,  “No King”, “King Ludd” y “Joe Firebrand” (el incendiario). Algún remitente aclaraba que el sello de correos había sido estampado en los cercanos “Bosques de Sherwood”. Una mitología incipiente se superponía a otra más antigua. Los hombres de Maitland se vieron obligados a recurrir a espías, agentes provocadores e infiltrados, que hasta entonces constituían un recurso poco esencial de la logística utilizada en casos de guerra exterior. He aquí una reorganización temprana de la fuerza policial, a la cual ahora llamamos “inteligencia”. Si a los acontecimientos que lograron tener en vilo al reino y al Parlamento se los devoró el incinerador de la historia, es justamente porque el objetivo de los luditas no era político sino la destrucción de las maquinas, que venían a sustituir los oficios realizados por  las personas: no querían el poder sino poder desviar la dinámica de la industrialización acelerada.

Una ambición imposible. Apenas quedaron testimonios: algunas canciones, actas de juicios, informes de autoridades militares o de espías, noticias periodísticas, cien mil libras de pérdidas, una sesión del Parlamento dedicada a ellos, poco más. Y los hechos: dos años de lucha social violenta, mil cien máquinas destruidas, un ejército enviado a “pacificar” las regiones sublevadas, cinco o seis fábricas quemadas, quince luditas muertos, trece confinados en Australia, otros catorce ahorcados ante las murallas del castillo de York, y algunos coletazos finales. ¿Por qué sabemos tan poco sobre las intenciones luditas y sobre su organización? La propia fantasmagoría de Ned Ludd lo explica: aquella fue una sublevación sin líderes, sin organización centralizada, sin libros capitales y con un objetivo quimérico: discutir de igual a igual con los nuevos industriales. Pero ninguna sublevación “espontánea”, ninguna huelga “salvaje”, ningún “estallido” de violencia popular salta de un repollo. Lleva años de  incubación, generaciones transmitiéndose una herencia de maltrato, poblaciones enteras macerando saberes de resistencia:

a veces, siglos enteros se vierten en un solo día. La espoleta, generalmente, la saca el adversario. Hacia 1810, el alza de precios, la pérdida de mercados a causa de la guerra y un complot de los nuevos industriales y de los distribuidores de productos textiles de Londres para que éstos no compren mercadería a los talleres de las pequeñas aldeas textiles encendió la mecha. Por otra parte, las reuniones políticas y la libertad de letra impresa habían sido prohibidas con la excusa de la guerra contra Napoleón, y la ley prohibía emigrar a los tejedores, aunque se estuvieran muriendo de hambre: Inglaterra no debía entregar su expertise al mundo.

Los luditas inventaron una logística de urgencia. Ella abarcaba un sistema de delegados y de correos humanos que recorrían los cuatro condados, juramentos secretos de lealtad, técnicas de camuflaje, centinelas, organizadores de robo de armas en el campamento enemigo, pintadas en las paredes. Y además descollaron en el viejo arte de componer canciones de guerra, a las cuales llamaban  himnos. En uno de los pocos que han sido recopilados puede aún escucharse:

 

“Ella tiene un brazo

Y aunque sólo tiene uno

Hay magia en ese brazo único

Que crucifica a millones

Destruyamos al Rey Vapor, el Salvaje Moloch”,

 

Y en otra:

 

“Noche tras noche, cuando todo está quieto

Y la luna ya ha cruzado la colina

Marchamos a hacer nuestra voluntad

¡Con hacha, pica y fusil!”.

 

los luditas provenían de la fábrica Enoch. Por eso cantaban :

 

“La Gran Enoch irá al frente

 Deténgala quien se atreva,deténgala quien pueda

Adelante los hombres gallardos

¡Con hacha, pica y fusil!”.

La imagen de la maza trascenderá la breve epopeya ludita. En la iconología anarquista de principios de siglo, Hércules sindicalizados suelen estar a punto de aplastar con una gran maza, no ya máquinas, sino al sistema fabril entero. Todos estos blues de la técnica no deben hacer perder de vista que las autoridades no sólo querían aplastar la sublevación popular, también buscaban impedir la organización de sectas obreras, en una época en la cual solamente los industriales estaban unidos. Carbonarios, conjurados, la Mano Negra de Cádiz, sindicalistas revolucionarios: en el siglo pasado la horca fue la horma para muchas intentonas sediciosas.

“FAIR PLAY”

 Y nadie recuerda lo que significaron en otro tiempo las palabras “precio justo” o “renta decorosa”. Entonces, como ahora, una estrategia de recambio y aceleración tecnológicos y de realineamiento forzado de las poblaciones retorcía los paisajes. Roma se construyó en siete siglos, Manchester y Liverpool en sólo veinte años. Más adelante, en Asia y África se implantarían enclaves en dos semanas.

Nadie estaba preparado para un cambio de escala semejante. La mano invisible del mercado es tactilidad distinta del trato pactado en mercados visibles y a la mano. El ingreso inconsulto de nueva maquinaria, la evicción semi-obligada de las aldeas y su concentración en nuevas ciudades fabriles, la extensión del principio del lucro indiscriminado el violento descentramiento de las costumbres fueron caldo de cultivo de la rebelión. Pero el lugar común no existió: los luditas no renegaban de toda la tecnología, sino de aquella que representaba un daño moral al común; y su violencia estuvo dirigida no contra las máquinas en sí mismas (obvio: no rompían sus propias y bastante complejas maquinarias) sino contra los símbolos de la nueva economía política triunfante (concentración en fábricas urbanas, maquinaria imposible de adquirir y administrar por las comunidades). Y de todos modos, ni siquiera inventaron la técnica que los hizo famosos: destruir máquinas y atacar la casa del patrón eran tácticas habituales para forzar un aumento de salarios desde hacía cien años al menos. Muy pronto se sabrá que los nuevos engranajes podían ser aferrados por trabajadores cuyas manos eran inexpertas y sus bolsillos estaban vacíos. La violencia fue contra las máquinas, pero la sangre corrió primero por cuenta de los fabricantes. En verdad, lo que alarmó de la actividad ludita fue la nueva modalidad simbólica de la violencia. De modo que una consecuencia inevitable de la rebelión fue un mayor ensamblaje entre grandes industriales y administración eestatal: es un pacto que ya no se quebrantará.

Los luditas aún nos hacen preguntas: ¿hay límites? ¿Es posible oponerse a la introducción de maquinaria o de procesos laborales cuando éstos son dañinos para la comunidad? ¿Importan las consecuencias sociales de la violencia técnica? ¿Existe un espacio de audición para las opiniones comunitarias? ¿Se pueden discutir las nuevas tecnologías de la “globalización” sobre supuestos morales y no solamente sobre consideraciones estadísticas y planificadoras? ¿La novedad y la velocidad operacional son valores? A nadie escapará la actualidad de los temas. Están entre nosotros. Los luditas percibieron agudamente el inicio de la era de la técnica, por eso plantearon el “tema de la maquinaria”, que es menos una cuestión técnica que política y moral. Entonces, los fabricantes y los squires terratenientes acusaban a los luditas del crimen de jacobinismo; hoy los tecnócratas acusan a los críticos del sistema fabril de nostálgicos. Pero los Ludds sabían que no se estaban enfrentando solamente a codiciosos fabricantes de tejidos sino a la violencia técnica de la fábrica. Futuro anterior: pensaron la modernidad tecnológica por adelantado.

EPÍLOGOS

El 27 de febrero de 1812 fue un día memorable para la historia del capitalismo, pero también para la crónica de las batallas perdidas. Los pobres violentos son tema parlamentario: habitualmente el temario los contempla únicamente

cuando se refrendan y limitan conquistas ya conseguidas de hecho, o cuando se liman algunas aristas excesivas de duros paquetes presupuestarios, pero aún más rutinariamente cuando se debaten medidas ejemplares. Ese día lord Byron ingresa al Parlamento por primera y última vez. Desde Guy Fawkes, quien se empeñó en volarlo por los aires en el año 1605, nadie se había atrevido a ingresar en la Cámara de los Lores con la intención de contradecirlos. Durante la sesión, presidida por el primer ministro Perceval, se discute la pertinencia del agregado de un inciso faltante de la pena capital, a la cual se conocerá como Framebreaking Bill: la pena de muerte por romper una máquina. Es Lords vs. Ludds: cien contra uno. Por aquel entonces Byron trabajaba intensamente en su poema Childe Harold, pero se hizo de un tiempo para

visitar las zonas sediciosas a fin de tener una idea propia de la situación. Ya el proyecto de ley había sido aprobado en la Cámara de los Comunes. El futuro primer ministro William Lamb (Guillermo Oveja) votó a favor  no sin aconsejar al resto de sus pares hacer lo mismo pues “el miedo a la muerte tiene una influencia poderosa sobre la mente humana”. Lord Byron intenta una defensa admirable pero inútil. En un pasaje de su discurso, al tiempo que trata a los soldados como un ejército de ocupación, expone el rechazo que habían provocado entre la población:

¡Marchas y contramarchas!

¡De Nottingham a Bulwell, de Bulwell a Banford, de Banford a Mansfield!

Y cuando al fin los destacamentos llegaban a destino, con todo el orgullo, la

pompa y la circunstancia propia de una guerra gloriosa,

lo hacían a tiempo sólo para ser espectadores de lo que había

sido hecho, para dar fe de la fuga de los responsables, para recoger fragmentos de máquinas rotas

y para volver a sus campamentos ante la mofa hecha por las viejas y el abucheo de los niños.

Y agrega una súplica: “¿Es que no hay ya suficiente sangre en vuestro código legal de modo que sea preciso derramar aún más para que ascienda al cielo y testifique contra ustedes? ¿Y cómo se hará cumplir esta ley? ¿Se colocará una horca en cada pueblo y de cada hombre se hará un espantapájaros?”. Pero nadie lo apoya. Byron se decide a publicar en un periódico un peligroso poema en cuyos últimos versos se leía:

Algunos vecinos pensaron, sin duda, que era chocante,

Cuando el hambre clama y la pobreza gime,

Que la vida sea valuada menos aún que una mercancía

Y la rotura de un armazón conduzca a quebrar los huesos

Si así demostrara ser, espero, por esa señal

(Y quien rehusaría participar de esta esperanza)

Que los esqueletos de los tontos sean los primeros en ser rotos

Quienes, cuando se les pregunta por un remedio, recomiendan una soga.

 

Quizás lord Byron sintió simpatía por los luditas o quizá –dandy al fin y al cabo– detestaba la codicia de los comerciantes, pero seguramente no llegó a darse cuenta de que la nueva ley representaba, en verdad, el parto simbólico del capitalismo. El resto de su vida Byron vivirá en el Continente. Un poco antes de abandonar Inglaterra publica un verso ocasional en cuyo colofón se leía “Down with all the kings but King Ludd”.

En enero de 1813 se cuelga a George Mellor, uno de los pocos capitanes luditas que fueron agarrados, y unos pocos

meses después es el turno de otros catorce que habían atacado la propiedad de Joseph Ratcliffe, un poderoso industrial. No había antecedentes en Inglaterra de que tantos hubieran sido hospedados por la horca en un solo día. También este número es un índice. El gobierno había ofrecido recompensas suculentas en sus pueblos de origen a cambio de información incriminatoria, pero todos los aldeanos que se presentaron por la retribución dieron información falsa y usaron el dinero para pagar la defensa de los acusados. No obstante, la posibilidad de un juicio justo estaba fuera de cuestión, a pesar de las endebles pruebas en su contra. Los catorce ajusticiados frente a los muros de York se encaminaron hacia su hora suprema entonando un himno religioso, Behold the Saviour of Mankind. La mayoría eran metodistas. En cuanto la rebelión se extendió por los cuatro costados de la región textil también se complicó el mosaico de implicados: demócratas seguidores de Tom Paine (llamados “painistas”), religiosos radicales, algunos de los cuales heredaban el espíritu de las sectas exaltadas del siglo anterior –levellers, ranters, southscottians–, incipientes organizadores de Trade Unions (entre los luditas apresados no sólo había tejedores sino todo tipo de oficios), emigrantes irlandeses jacobinos.

Siempre ocurre: el internacionalismo es viejo. Todos los días las ciudades dan de baja a miles y miles de nombres, todos los días se descoyuntan en la memoria las sílabas de incontables apellidos del pasado humano. Sus historias son sacrificadas en oscuros cenotes. Ned Ludd, lord Byron, Cartwright, Perceval, Mellor, Maitland, Ogden, Hoyle, ningún nombre debe perderse. El general Maitland fue bien recompensado por sus servicios: se le concedió el título nobiliario de baronet y fue nombrado gobernador de Malta y después comandante en jefe del Mar Mediterráneo y después Alto Comisionado para las Islas Jónicas. Antes de irse del todo, aún tuvo tiempo de aplastar una revolución en Cefalonia. Perceval, el primer ministro, fue asesinado por un alienado incluso antes de que colgaran al último ludita. William Cartwright continuó con su lucrativa industria y prosperó, y el modelo fabril hizo metástasis. Uno de sus hijos se suicidó nada menos que en el medio del Palacio de Cristal durante la Exposición Mundial de productos industriales de 1851, pero el tronar de la sala de máquinas en movimiento amortiguó el ruido del disparo.

Cuando algunos años después de los acontecimientos murió un espía local –un judas– que se había quedado en las inmediaciones, su tumba fue profanada y el cuerpo exhumado vendido a estudiantes de medicina. Algunos luditas fueron vistos veinte años más tarde cuando se fundaron en Londres las primeras organizaciones de la clase obrera. Otros que habían sido confinados en tierras raras dejaron alguna huella en Australia y la Polinesia. Itinerarios semejantes pueden ser

rastreados después de la Comuna de París y de la Revolución Española de 1936. Pero la mayoría de los pobladores de aquellos cuatro condados parecen haber hecho un pacto de anonimato, refrendación de aquella omertá anterior llamada “Ned Ludd”: en los valles nadie volvió a hablar de su participación en la rebelión. La lección había sido dura y la ley de la tecnología lo era más aún. Quizá de vez en cuando, en alguna taberna, alguna palabra, alguna canción; hilachas que nadie registró. Fueron un aborto de la historia. Nadie aprecia ese tipo de despojos.

VOCES

¿Por qué demorarse en la historia de Ned Ludd y de los destructores de máquinas? Sus actos furiosos sobreviv en nuemente en brevísimas notas al pie de página del gran libro autobiográfico de la humanidad y la consistencia de su historia es anónima, muy frágil y casi absurda, lo que a veces promueve la curiosidad pero las más de las veces el desinterés por lo que no amerita dinastía. No es éste un siglo para detenerse: el burgués del siglo XIX podía darse el lujo de recrearse lentamente con un folletín, pero las audiencias de este siglo apenas disponen de un par de horas para hojear la programación televisiva. Vivimos en la época de la taquicardia, como sarcásticamente la definió Ezequiel Martínez Estrada. Remontar el curso de la historia a contracorriente a fin de reposar en el ojo de sus hu abrió paso al mundo de los muertos con melodías que destrabaron cerrojos perfectos. Nosotros solamente podemos guiarnos por los fogonazos espectrales que estallan en viejos libros: soplos agónicos entre harapos lingüísticos. Cualquier otro rastro ya se ha disuelto en los elementos. Pero si los elementos fueran capaces de articular un lenguaje, entonces podrían devolvernos la memoria guardada de todo aquello que ha circulado por su “cuerpo” (por ejemplo, todos los remos que hendieron al agua en todos los tiempos, o todas las herraduras que pisaron la tierra, y así). A su turno, el aire devolvería la totalidad de las voces que han sido lanzadas por las bocas de todos los humanos que han existido desde el comienzo de los tiempos. En verdad, millones son las palabras dichas en cada minuto. Pero ninguna se habría perdido, ni siquiera las de los mudos. Todas ellas habrían quedado registradas en la transparencia atmosférica, cuya relación con la audibilidad humana aún está por investigarse: sería algo así como cuando los dedos de los niños garabatean raudos graffittis o nerviosos corazones en vidrios empañados por el propio aliento. Si se pudiera traducir ese archivo oral a nuestro lenguaje, entonces todas las cosas dichas volverían en un solo instante componiendo la voz de una runa mayor o la memoria total de la historia. En el viento se han sembrado voces que son conducidas de época en época; y cualquier oído puede cosechar lo que en otros tiempos fue tempestad. El viento es tan buen conductor de las memorias porque lo dicho fue tan necesario como involuntario, o bien porque a veces nos sentimos más cerca de los muertos que de los vivos. De tantas cosas dichas, yo no puedo ni quiero dejar de escuchar lo que Ben, un viejo ludita, les dijo a unos historiadores locales del condado de Derby cincuenta años después de los sucesos:

“Me amarga tanto que los vecinos de hoy en día

Mal interpreten las cosas que hicimos nosotros, los luditas”.

¿Pero cómo podía alguien, entonces, en plena euforia por  el progreso, prestar oídos a las verdades luditas? No había, y no hay aún, audición posible para las profecías de los derrotados. La queja de Ben constituyó la última palabra del movimiento ludita, a su vez eco apagado del quejido de quienes fueron ahorcados en 1813. Y quizá yo haya escrito todo esto con el único fin de escuchar mejor a Ben. Me aferro y tiro de su hilillo de voz como lo haría cualquier semejante que recorriera este laberinto.

“EL ÚNICO” ; por Max Stirner

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EL UNICO MS texto RV

La época precristiana y la cristiana han perseguido fines opuestos. La primera quiso idealizar lo real, y la segunda realizar lo ideal; una buscó al Espíritu Santo, la segunda busca al cuerpo glorificado. Así, la primera conduce a la insensibilidad respecto a lo real, al desprecio del Mundo, mientras que la segunda finalizará con la ruina de lo ideal y el desprecio del Espíritu.

Los miembros de la oposición real – ideal son incompatibles y lo uno no puede nunca devenir en lo otro: si lo ideal se hiciese real, ya no sería lo ideal, y si lo real se hiciese ideal sería lo ideal y no sería lo real. La contradicción entre ambos términos no puede resolverse a menos que algo los aniquile. Sólo en este algo, en este tercer término, desaparece la contradicción. De lo contrario, ideal y real no se encuentran jamás. La idea no puede ser realizada y seguir siendo idea, es preciso que perezca como idea, lo mismo sucede con lo real que deviene ideal.

Ante nosotros se presentan los antiguos partidarios de la idea, y los modernos partidarios de la realidad. Ni unos ni otros llegaron a deshacerse de esta oposición; los antiguos se limitaron a desear al Espíritu, y desde el día en que pareció que este deseo estaba satisfecho y que el Espíritu parecía llegar, los modernos comenzaron a aspirar a la secularización de ese espíritu, que deberá permanecer eternamente como un deseo piadoso.

El deseo piadoso de los antiguos era la santidad, el de los modernos es la corporalidad. Pero lo mismo que la antigüedad debía sucumbir el día en que sus deseos se realizaran (porque no existía más que por ellos), así también es imposible alcanzar la corporeidad sin salir del Cristianismo. A la corriente de santificación o de purificación que atraviesa el mundo antiguo (abluciones, etc.) le sigue la corriente de encarnación a través del mundo cristiano:

Dios se precipita en este mundo, se hace carne y quiere rescatar el mundo, es decir, llenarlo de él; como Dios es la Idea o el Espíritu, se termina por introducir la Idea en todo, en el mundo, demostrando que la Idea, la razón está en todo, como, por ejemplo, lo hace Hegel. A lo que los estoicos del paganismo alababan como Sabio, corresponde en la cultura actual al Hombre; uno y otro son dos seres sin carne. El sabio irreal, ese santo incorporal de los estoicos, ha devenido en persona real y santo corporal en el Dios encarnado; el hombre irreal, el Yo incorpóreo llegará a ser real en el Yo corporal que Yo soy.

Al Cristianismo está ligada la cuestión de la existencia de Dios; esta cuestión, sin cesar repetida y debatida, prueba que el deseo de la existencia, de la corporalidad, de la personalidad, de la realidad, era un asunto de constante preocupación, porque nunca se llegaba a una solución satisfactoria. Por fi n declinó la cuestión de la existencia de Dios, pero sólo para levantarse inmediatamente bajo una nueva forma, en la doctrina de la existencia de lo divino (Feuerbach). Pero lo divino tampoco tiene existencia, y su último refugio, que es el que lo puramente humano  puede ser realizado, pronto no tendrá ya asilo que ofrecerle.

Ninguna idea tiene existencia, porque ninguna es susceptible de corporizarse. La controversia escolástica del realismo y del nominalismo no tuvo otro objeto. En suma, ese problema atravesó de un extremo a otro la historia cristiana y no pudo encontrar en ella su solución.

El mundo cristiano se esfuerza en realizar las Ideas en todas las circunstancias de la vida individual y en todas las instituciones y en las leyes de la Iglesia y del Estado; pero esas Ideas resisten siempre a sus tentativas y siempre les queda alguna cosa que no es posible corporizar (o lo que es igual, es irrealizable); cualquiera que sea el empeño que uno ponga en dotarlas de un cuerpo, esas ideas permanecen siempre sin realidad tangible.

El realizador de ideas se inquieta poco por las realidades, si esas realidades se encarnan en una idea; así, examina sin descanso si en lo realizado habita su núcleo, la Idea; al experimentarlo real, experimenta al mismo tiempo la Idea y comprueba si es realizable tal como él la piensa, o bien si la ha comprendido incorrectamente y por tanto es irrealizable.

En cuanto existencias, la familia, el Estado, etc., ya no le interesan al cristiano; los cristianos no deben, como los antiguos, sacrificarse por esas cosas divinas, sino interesarse por ellas como realización del Espíritu. La familia real ha venido a ser indiferente, y una familia ideal (verdaderamente real) debe brotar de ella; familia santa, familia bendita de Dios, o en el estilo liberal, familia racional. Para los antiguos, la familia, la patria, el Estado, etc. tienen una actualidad divina; para los modernos, en cambio, aguardan la divinización y son, bajo su forma existente, inacabados terrenales y deben ser liberados, es decir, deben ser realizados verdaderamente En otros términos, la familia, etc. no son lo existente y lo real, sino lo divino, la Idea; la cuestión está en saber si tal familia podrá llegar a ser real por obra de lo verdadero real, de la Idea. El individuo no tiene por deber servir a la familia como una divinidad, sino servir a lo divino y elevar hasta él la familia aún no divina; es decir, someterlo todo a la Idea, enarbolar por todas partes la bandera de la idea, y llevar la Idea a una actividad que sea realmente real y eficaz. Si bien el Cristianismo y la antigüedad tienen que ver con lo divino, llegan siempre a él por las vías más opuestas. Al fi n del paganismo, lo divino se hace extra mundano; al fi n del cristianismo, intramundano. La antigüedad no consiguió ponerlo completamente fuera del mundo y cuando el cristianismo completa esa tarea, lo divino tiende a reintegrarse con el mundo y quiere “redimirlo”. Pero, en el seno del Cristianismo, lo divino como intramundano no se transforma ni puede transformarse en lo mundano mismo, porque lo malo, lo irracional, lo fortuito, lo egoísta, son lo mundano, en el mal sentido de la palabra, y están y permanecen cerrados a lo divino. El Cristianismo comienza con la encarnación de Dios que se hace hombre y prosigue toda su obra de conversión y de redención, con el fi n de llevar a Dios a florecer en todos los hombres y en todo lo humano y de penetrarlo todo del Espíritu. Él se atiene a preparar una sede para el Espíritu.

Si se llegó finalmente a poner la atención sobre el Hombre o la humanidad, fue de nuevo la idea lo que se eternizó. ¡El Hombre no muere! Se pensó haber encontrado la realidad de la idea: el Hombre que es el Yo de la historia; es él, ese ideal, el que se desarrolla, es decir, se realiza. Él es verdaderamente real y corporal, porque la historia es su cuerpo, del que los individuos no son más que los miembros. Cristo es el Yo de la historia del mundo, hasta de la que precede a su aparición sobre la Tierra; para la filosofía moderna, en cambio, ese Yo es el Hombre. La imagen de Cristo ha venido a ser la imagen del Hombre, y el Hombre como tal, el Hombre, es el centro de la historia. Con el Hombre reaparece el comienzo imaginario, porque el Hombre es tan imaginario como el Cristo. El Hombre, Yo de la historia del mundo, cierra el ciclo del pensamiento cristiano. El círculo mágico del cristianismo se quebraría si cesara el conflicto entre la existencia y la vocación, entre Yo tal como soy y Yo tal como debo ser; el cristianismo no consiste más que en la aspiración de la Idea a la corporalidad, y expira si desaparece la separación entre ambos. El Cristianismo sólo subsiste si la Idea persiste como Idea (y el Hombre y la Humanidad son solamente Ideas sin cuerpo). La idea devenida corporal, el Espíritu encadenado o perfecto, flotan ante los ojos del cristiano y representan en su imaginación el último día o el objetivo de la historia, pero para él no son su presente. El individuo sólo puede tomar parte en la edificación del reino de Dios, o bien, en su forma moderna, en el desarrollo de la historia y de la humanidad, y esta participación es la que da un valor cristiano, o, en forma moderna, humano; para lo demás no es más que un puñado de ceniza y pasto de los gusanos.

Que el individuo sea para sí una historia universal, y que el resto de la historia no sea más que su propiedad va más allá del Cristianismo. Para éste, la historia es superior, porque es la historia de Cristo o del Hombre; para el egoísta, sólo su historia tiene un valor, porque no quiere desarrollar otra cosa que no sea a él mismo y no quiere desarrollar el plan de Dios, o los designios de la Providencia, o la libertad, etc. Él no se considera un instrumento de la Idea o un recipiente de Dios, no reconoce ninguna vocación, no se imagina destinado a contribuir al desarrollo de la humanidad, y no cree en el deber de aportar su óbolo para este desarrollo; vive su vida sin preocuparse de que la humanidad obtenga de ella pérdida o provecho.

Si no nos llevara a confundirnos con la idea de que un estado de naturaleza debe ser alabado, podríamos recordar la historia de los tres gitanos de Lenau. 205 – ¡Y qué! ¿Acaso yo estoy en el mundo para realizar ideas, para realizar con mi civismo la Idea

205- El autor se refiere a un poema de Lenau (escritor austríaco contemporáneo de Stirner): Un viajero, angustiado por su mala suerte se encuentra con tres gitanos que están todavía peor que él. Ninguno de los gitanos parece preocuparse por su estado, uno toca la gaita, el otro fuma y el tercero duerme. Es una historia que se rebela contra la “seriedad” con que los hombres suelen tomarse la vida (N.R.).

 

del Estado, o para dar por mi matrimonio una existencia como esposo y padre a la Idea de familia? ¿Qué quiere de mí esa vocación? Yo no vivo para realizar una vocación, al igual que la flor no nace y exhala perfume por sea su deber hacerlo. 206-El ideal Hombre está realizado cuando la concepción cristiana se transforma en lo siguiente: Yo, este único, soy el Hombre. La cuestión conceptual: ¿Qué es el hombre? se ha convertido en la pregunta personal: ¿Quién es el hombre? El “qué es”, se preguntaba por el concepto a realizar; comenzando por “el quién es” desaparece la cuestión, porque la respuesta está a la mano del que hace la pregunta: la pregunta se responde a sí misma. Se dice de Dios: Los nombres no te nombran. Eso es igualmente justo para Mí; ningún concepto me expresa, nada de lo que se considera como mi esencia me agota, no son más que nombres. De Dios se dice, además, que es perfecto, y que no tiene ninguna vocación, que no tiene que tender hacia la perfección. También esto es cierto para Mí.

Yo soy el propietario de mi poder, y lo soy cuando me sé Único. En el Único, el poseedor vuelve a la nada creadora de la que ha salido. Todo ser superior a Mí, sea Dios o sea el Hombre, se debilita ante el sentimiento de mi unicidad, y palidece al sol de esa conciencia. Si yo baso mi causa en Mí, el Único, mi causa reposa sobre su creador efímero y perecedero que se consume a sí mismo, y Yo puedo decir:

“Yo he basado mi causa en Nada”.

 

206- Stirner se rebela contra tres “reencarnaciones” de la perspectiva cristiana: primero, la idea cristiana según la cual los hombres se realizan en el “otro mundo”; segundo, contra la idea hegeliana según la cual los individuos se realizan en el Estado: y tercero, contra la versión revolucionaria, supuestamente superadora, según la cual los individuos se realizan en la sociedad igualitaria instaurada por la Revolución. Este rechazo suele interpretarse como una negación “liberal” –y por ende “ideológica”– de toda perspectiva de cambio revolucionario. Por el contrario, me parece que lo que Stirner está rechazando es el elemento esencialista –y por ende idealista– que se mantiene en las tres “propuestas liberadoras”. En este sentido, y contra lo que suele afirmarse, Stirner no hace más que formular –aunque sólo sea en teoría-, la idea anarquista de acción directa, entendida como al realización de la libertad aquí y ahora. El problema no es la sociedad comunista–incluso llega a afirmar en el texto, al referirse a la distinción entre el trabajo como “humano” y el trabajo como “único”, que le parece la más ventajosa-, sino contra la “divinización” de la Revolución o de la sociedad sin clases (N.R.)