“Critica el Movimiento de Liberación Animal”

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texto anticarcelario animal – pdf

Hace algunos años decidí luchar por la liberación animal, no con panfletos, ni carteles, ni  dentro de una asociación, grupo, colectivo, o algo parecido. Decidí enfrentar solx  este tema que tanto me preocupaba y me preocupa. Era un día domingo, en el mall Parque Arauco, no recuerdo en que piso, ni el nombre de la tienda de mascotas que ahí se encuentra, entré a ese lugar para ver unos pobres pescaditos que se encontraban en unas peceras,  mi indignación creció cuando escuché que alguien compraría un perro que costaba $450.000 …y estaba con descuento, me acerqué solo a escuchar la conversación, el perro de no sé qué raza, tenía incorporado un chip y además de eso tenía garantía ¿Cómo puede un ser vivo tener garantía y un chip rastreador? La estupidez humana me sorprende todos los días! Sentía esa cosa extraña entre ira, rabia, pena, impotencia, frustración y desprecio, algo tenía que hacer. La transacción se completó, la familia feliz con perro nuevo, caminó hacia el estacionamiento, yo tomé mi bici  y los seguí hasta el primer semáforo, no sabía qué hacer, solo me dejé llevar por la rabia de ese momento, tomé una llave y comencé a rayar el auto, el chofer se bajó y comenzó a gritarme cosas, no le respondí nada, me bajé de la bici, abrí la puerta trasera del auto, le quité a un niño la caja que contenía al perrito, la dejé en el canasto de la bici, mientras esquivaba al cuico que había comprado al perro, cogí un par de piedras, una dirigida al chofer/ padre de familia/ cuico comprador de perros/ maldito engendro insensible, etc. Y la otra dirigida al parabrisas del auto, monté la bici y comencé a andar lo más rápido que pude, no lograron alcanzarme, pero ahora tenía un problema mayor… el perro tenía un chip rastreador y yo no sabía en qué parte de él se encontraba, ni cómo sacárselo. Volví a tomar la bicicleta y me fui hasta Til Til, tenía una amiga que había estudiado veterinaria, pensé que quizás ella me  podía decir cómo quitarle ese artefacto imbécil, pero me dijo que estaba incorporado bajo su piel y que ella no tenía los utensilios para extraérselo. Decidí dejar al cachorro con ella y volví a Santiago.  Nunca fueron a buscar al cachorro y el perrito vive feliz en una parcela hasta el día de hoy, 6 años después.

Esta no fue para nada una acción inteligente, pero me ayudó a reflexionar y sentirme más segurx de mí mismx, de lo que unx como individuo es capaz de hacer. SEGURIDAD, fue lo primero que logré conseguir, yo solx soy  capaz de hacerlo todo.

Ahora con esta seguridad, ya nada me detendría. Comencé a “robar”, “recuperar”, “salvar”, o como quieran llamarlo, animales de las tiendas de mascotas, hámster,  conejos, gallinas, gatos, perros, cobayas, aves, peces, lo que pudiera. Después de cada una de esas acciones, los liberaba en un ambiente “natural”, o un poco menos intervenido por el hombre. Estas acciones, las solía justificar muy bien, con los típicos argumentos de moda, ellos sufren, ellos sienten, ellos no quieren estar encerrados, etc… 

Hoy esa acción ya no la justifico. Liberar (por ejemplo) un conejo en un cerro donde hay otros conejos es lo peor que le puedes hacer a ese conejo y a los otros que habitan salvajemente ese lugar, porque este conejo que ha estado toda su vida encerrado, no sabe relacionarse con los demás, no sabe qué hacer en ese lugar, no sabe conseguir su alimento, ni hacer una madriguera, ni nada por el estilo, entonces procederá a robarle el alimento a los conejos silvestres y a acomodarse en madrigueras ajenas.  Entonces??? ¿A qué podemos optar?

Fue cuando pensé que la mejor opción sería darlos en adopción y comencé a hacerlo, hasta que me encontré rodeada de animales que nadie podía tener en su casa, necesitaba ayuda y la encontré de inmediato, comencé a llenar las casas de mis “amigos” de animales que no podía dar en adopción, ya había “regalado” tantos animales que nadie de los que conocía podía tener más dentro de una casa o departamento. Decidí frenar mi obsesión por liberar animales de las tiendas, por lo menos hasta poder encontrarles un hogar a los que ya había recuperado.

Mientras decidía qué hacer con ellos, me di cuenta de que lo que estaba haciendo, era casi lo mismo que hacían las tiendas de mascotas, entregar a un ser vivo a vivir, quizás en donde no quiere, donde él no pudo escoger, a vivir con quienes quizás no le agradan. Comencé a vagar en mi cabeza, ¿qué iba a hacer ahora? Había que atacar a la raíz del problema, a la fábrica productora de carne, lácteos, huevos, cueros, rodeos, establos, granjas y criaderos.

No sabía por dónde empezar, habían pasado 2 años desde aquella vez en el mall Parque Arauco, quería hacer algo grande, pero necesitaba práctica primero…

Había una tienda de mascotas, que yo tanto detestaba, no era muy grande, pero las condiciones en que tenían a los animales eran las peores que yo había visto (en directo) hasta ese entonces.

No recuerdo que día de la semana era, pero el sentimiento, el entusiasmo y la determinación eran las mismas que la primera vez que decidí actuar. Había preparado eso un mes entero y no puedo decir que no sentí miedo, porque si lo tuve y dudé un par de veces, pero no me importó, suprimí el miedo y los nervios y me lancé al abismo. 

Capucha, mochila, guantes, zapatillas, panfletos, martillo, spray… un quiebre poco piola de una ventana, instalo todo correctamente, nunca había sudado tanto, escribo en la pared “LIBERACIÓN ANIMAL”,” LOS ANIMALES NO NACIERON PARA NUESTRA DIVERSIÓN “, “F.L.A.” Salgo por la ventana, lanzo los panfletos y corro lejos del lugar, un fuerte estallido se escucha a lo lejos y unas lágrimas de alegría y tristeza  comenzaron a caer, me sentía extrañx, como si no lo hubiese hecho bien, pensaba en qué era bueno y qué era malo, destruir una tienda de mascotas no era un daño significativo?, asesinar 20 animales para salvar a otros cientos? no lo sé, eso queda abierto para ser debatido. Lo único cierto, es que mis manos estaban manchadas de sangre esta vez y el peso de la culpa no me dejaba dormir, pensar en que había salvado a otros animales que estarían encerrados allí dentro después de vender a los que yo había asesinado, era tal vez, solo una mala justificación de un acto del que no me sentía orgullosx.

Silencio…

Me había  acobardado?, me había vuelto igual a aquellxs que tanto despreciaba?, no! Jamás!, me sentía tan perdidx.

Decidí frenar mis acciones, porque no me encontraba bien y no podía hacer algo si mi cabeza estaba en otro lado. Sé que muchxs juzgaron y juzgarán estas acciones, pero es lo que escogí.

No quiero justificar mis actos frente a alguien, por qué tendría que hacerlo?, si yo quiero hacerlo, voy y lo hago, le parezca bien a alguien o no. Si quemo, destruyo, exploto, critico a alguien o algo, es mi decisión, mi opinión, no  tengo deber de respaldarlo, ni justificarlo si no quiero hacerlo.

Mi única justificación fue, es y será: “Teñía ganas de hacerlo y lo hice”. Siempre aceptando las consecuencias que esto me pueda traer, ya sean, el odio y desprecio de personas y/o asociaciones, las noches detenidx, las constantes multas, los cambios constantes de aspecto, de casa y maneras de accionar, entre otras muchas cosas más que no son agradables, pero es la vida que unx escogió y con el tiempo te das cuenta que la sensación placentera después de cada acto lo vale, mil veces.

Me he arrojado a los brazos de la acción, la práctica constante me hace crecer, cada vez me siento más segurx de mí, con más confianza, valor, determinación, pero en cada acto siento los mismos nervios de la primera vez.

Aún burlo sus leyes, a su autoridad, a sus cámaras que no ven mi rostro sonriente y mis grandes ojos vigilando todo. A ellxs les gustaría saber quién soy, por qué actúo solx, y cómo solo una persona puede hacer estas cosas. Cuando el individuo pierde el miedo, ya no hay quien lo detenga y aún peor para el estado/capital…cuando el individuo sin miedo se encuentra con otro individuo sin miedo, se vuelven dos, suena tonto decir que 1+1 son 2, pero piensen en el poder de ese 1+1 y la  cadena que se puede ir formando después de eso.

Los actos que siguen después de esto, ustedes podrán imaginarlos, no los escribiré porque sienta miedo, ni algo parecido, sino porque solo quería compartir el proceso por el que pasé, que fue difícil para mí, donde dudé muchas veces y sentí miedo y angustia.

Este texto no tiene como propósito llegar a lxs que optan por la liberación animal, sino que a lxs anti carcelarixs animales, yo no quiero liberar animales que “ya están muertos”, yo quiero que los animales libres sigan siéndolo, aquellos que ya fueron encerrados, torturados, ya sea porque nacieron ahí o no, son animales que ya no podrán adaptarse a su hábitat original y si lxs liberamos ahí ,solo cometeremos un acto peor y más cruel que lxs mismxs carcelerxs, estaremos dañando directamente a ese ecosistema y toda su flora y fauna nativa. Si es necesario asesinar miles de animales para salvar a las generaciones próximas lo voy a hacer, aunque tenga que lidiar con sus mugidos, ladridos, cacareos y gritos de desesperación por las noches.

Para algunos un acto egoísta sin justificación alguna, para otrxs la única solución posible.

Atacar directamente a los carceleros, asesinar al que se  interponga. No creo en pacifistas con carteles en plaza de armas, pidiendo por favor que todxs seamos vegan. Solo creo en la destrucción total y en la extinción del ser humano…

Nada de Nadie

Al asecho en cada instante; Atacaremos riendo.

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